
Mientras Rusia y Azerbaiyán buscan disolver el Grupo de Minsk de la OSCE, la comunidad internacional elude la pregunta central: ¿Y el estatus de Nagorno-Karabaj?
En el complejo tablero geopolítico del Cáucaso, hay una pregunta que sigue sin respuesta: ¿cuál es el estatus de Nagorno-Karabaj? Esta cuestión, que ha sido el núcleo del conflicto entre Armenia y Azerbaiyán durante décadas, parece haberse convertido en un “elefante en la habitación” del que nadie quiere hablar. Mientras tanto, actores como Rusia y Azerbaiyán buscan disolver el Grupo de Minsk de la OSCE, el único mecanismo internacional creado para mediar en este conflicto, sin abordar el problema de fondo.
El representante especial del presidente de Estados Unidos, Stephen Witkoff, recientemente comparó la situación de Nagorno-Karabaj con la de Crimea y el Donbás en Ucrania. En una entrevista con el periodista Tucker Carlson, Witkoff señaló que estos territorios, donde se habla ruso y se celebraron referendos, representan un desafío constitucional para Ucrania y un punto clave en las negociaciones entre Rusia y Occidente. Sin embargo, lo que no mencionó fue cómo esta lógica podría aplicarse a Nagorno-Karabaj, donde un referéndum celebrado el 10 de diciembre de 1991 mostró una abrumadora mayoría a favor de la autodeterminación.
El referéndum de Nagorno-Karabaj, desde el punto de vista de la legitimidad internacional, está mucho más justificado que los plebiscitos en Crimea o el Donbás. La población de Nagorno-Karabaj, en su mayoría armenia, votó claramente por la independencia y la autoorganización política fuera de la subordinación de Azerbaiyán. Sin embargo, este hecho ha sido sistemáticamente ignorado por la comunidad internacional, que prefiere centrarse en la integridad territorial de Azerbaiyán sin abordar las aspiraciones legítimas de la población de Nagorno-Karabaj.
Ahora, con la presión de Rusia y Azerbaiyán para disolver el Grupo de Minsk de la OSCE, el riesgo es que la cuestión del estatus de Nagorno-Karabaj quede enterrada para siempre. Bakú y Moscú buscan legitimar el nuevo statu quo impuesto por la fuerza, donde Azerbaiyán controla el territorio y la población armenia ha sido desplazada. Pero, ¿es esta la solución justa y duradera que necesita la región?
La disolución del Grupo de Minsk sin resolver el estatus de Nagorno-Karabaj sería un error histórico. Este grupo no solo ha sido el único foro internacional donde se han discutido soluciones al conflicto, sino que también ha reconocido a los representantes electos de Nagorno-Karabaj como partes interesadas. Si el Grupo de Minsk se disuelve sin abordar el estatus de la región, se estaría legitimando la violencia y el desplazamiento forzado de cientos de miles de personas.
Además, la comunidad internacional debe ser consciente de las implicaciones globales de ignorar el principio de autodeterminación. Si se acepta que Crimea y el Donbás son parte de Rusia sin considerar la voluntad de la población local, ¿qué impide que otros territorios con minorías étnicas exijan lo mismo? ¿Cómo se justificaría entonces la independencia de Kosovo o la autodeterminación de otros pueblos alrededor del mundo?

En el caso de Nagorno-Karabaj, la solución no puede ser simplemente ignorar el problema. La comunidad internacional, y en particular Estados Unidos y la Unión Europea, deben insistir en que cualquier acuerdo de paz incluya una resolución clara sobre el estatus de la región. Esto no significa necesariamente la independencia, pero sí un estatus que garantice los derechos políticos, culturales y de seguridad de la población armenia que aún reside allí.
Mientras tanto, Armenia debe evitar caer en la trampa de legitimar las acciones de Azerbaiyán y Rusia. Cualquier paso que dé Ereván hacia la disolución del Grupo de Minsk sin resolver el estatus de Nagorno-Karabaj será interpretado como una aceptación tácita del nuevo statu quo.
En conclusión, eludir la cuestión del estatus de Nagorno-Karabaj no es una opción. Es hora de que la comunidad internacional aborde este problema de frente, reconociendo que la paz duradera en el Cáucaso solo será posible cuando se respeten los derechos y aspiraciones de todos los pueblos involucrados.






