
📚🔬 La meritocracia se volvió mediocridad y la ciencia enfrenta su ocaso. ¿Un mundo sin literatura ni pensamiento crítico? El nuevo “crepúsculo de la era científica” está aquí. 🚨
La meritocracia en el siglo XXI se presenta como un ideal para combatir la desigualdad, pero en la práctica se ha convertido en una nueva aristocracia que la sostiene y la justifica. Algunos incluso la llaman la “nueva mediocridad”.
El escritor y crítico Ash Narain Roy sostiene que la ciencia y la literatura atraviesan una crisis cultural profunda: un retroceso en el pensamiento crítico, la creatividad y la lectura seria, que amenaza con empujarnos a una nueva Edad Oscura.
Lo que antes se vendía como un sistema justo hoy funciona como un mecanismo de exclusión. Mediocridad disfrazada de mérito, sostiene Roy, que se celebra como un nuevo evangelio. Este fenómeno no solo golpea la política, también invade el campo científico.
Los clásicos, la literatura y las teorías fundamentales parecen relegados a un segundo plano. La ciencia se ha convertido en una industria dominada por la ambición y el lucro, donde —según el físico Martin López Corredoira en su libro The Twilight of the Scientific Age— se vive un “cansancio cultural” que alcanza incluso a las ciencias puras.
Paul R. Goddard, profesor emérito de la Universidad del Oeste de Inglaterra, y Angus G. Dagleish, de la Universidad de Londres, hablan directamente de la “muerte de la ciencia”. El exceso de datos amenaza con acabar con la teoría y con el método científico, sofocando la imaginación y la diversidad de ideas.
La política tampoco ayuda. En EE. UU., Donald Trump impulsó recortes y censura en la investigación climática, favoreciendo un discurso anticientífico. En India, más de cien científicos denunciaron la postura del gobierno frente a la evidencia científica, acusándolo de promover narrativas religiosas y mayoritarias en detrimento del conocimiento.

El crítico cultural Neil Postman advertía que la tecnología se ha convertido en institución con poder de moldear la cultura. Esto es visible en la educación, convertida en un ejercicio mecánico. En EE. UU., el declive educativo es evidente: pese a décadas de reformas y programas como No Child Left Behind o Common Core, el rendimiento estudiantil sigue estancado.
El auge de los medios digitales agrava el problema. El predominio de lo visual sobre lo textual, las cámaras de eco algorítmicas y la sobrecarga de fragmentos han reducido la capacidad de pensamiento crítico. Como advertía Bill Gates en 2017, las redes sociales encierran a las personas en burbujas de ideas afines, limitando el diálogo real.
El riesgo es claro: un futuro sin literatura, sin teoría crítica y con una sociedad cada vez más superficial. Roy recuerda la frase de Thomas Huxley: “La ciencia y la literatura no son dos cosas, sino dos caras de una misma cosa”.
Sin lectura profunda ni pensamiento crítico, la sociedad corre el peligro de convertirse en lo que autores como Jane Jacobs, Morris Berman o James Bridle han descrito en sus libros: un mundo en plena regresión, una nueva Edad Oscura dominada por la desinformación, la trivialidad y la intolerancia.






