
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan continúa con la islamización del ejército, inaugurando la semana pasada la Mezquita de la Academia Naval en el Día de la Victoria, un día festivo que celebra a las Fuerzas Armadas Turcas (TSK), que alguna vez fue conocido como el guardián más duro del secularismo en el país.
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan continúa con la islamización del ejército, inaugurando la semana pasada la Mezquita de la Academia Naval en el Día de la Victoria, un día festivo que celebra a las Fuerzas Armadas Turcas (TSK), que alguna vez fue conocido como el guardián más duro del secularismo en el país.
En su discurso de intensos argumentos religiosos, Erdogan describió la ruptura de los lazos del ejército con la religión como una traición a la nación y afirmó que ese período ya terminó, refiriéndose a una época de tutela militar durante la cual los generales influyeron en el gobierno del país.
Sin duda, la apertura de la mezquita, que no requirió la participación del presidente ni siquiera una ceremonia oficial, tiene un valor simbólico para Erdogan y sus seguidores islamistas. No solo se vengó de los militares, que derrocaron al primer ministro islamista Necmettin Erbakan en 1997 e impusieron un gobierno secular ultraestricto que los musulmanes devotos podrían describir como antirreligioso, Erdogan también estaba transmitiendo un mensaje subliminal a sus bases de que no existe el riesgo de perder todo lo que se ha logrado.
Erdogan lleva adelante su plan de hacer un ejercito religiosos con el aporte de tres personalidades.

La primera es Ali Erbaş, jefe de la Dirección de Asuntos Religiosos (Diyanet), en las ceremonias militares oficiales.
También suele presentarse a Adnan Tanriverdi, un general retirado y exasesor militar en jefe del presidente Erdogan, quien dirige un ejercito de mercenarios religiosos llamado SADAT que participó en el entrenamiento y gestión de combatientes yihadistas bajo control turco en Siria, Libia y Karabaj.
Y el tercero es Hulusi Akar, el exjefe del Estado Mayor y actual ministro de Defensa, que desempeñó un papel destacado en la purga de miles de oficiales pro OTAN, pro Occidente y pro-seculares del ejército.
Según cifras actualizadas, 24.339 miembros de las Fuerzas Armadas turcas han sido despedidos desde 2016. El relato oficial afirma que 8.651 militares participaron en el golpe, lo que corresponde a solo el 1,5 por ciento del TSK. De esos 1.761 eran reclutas y 1.214 eran cadetes militares. Dado que unos 150 generales y miles de oficiales de menor rango fueron condenados por cargos de golpe de estado, los expertos militares encuentran extraño que un número tan insignificante de tropas participara en el intento de golpe.
En la historia de la Turquía moderna, el ejército llevó a cabo golpes sangrientos y destituyó a los políticos. No es ningún secreto que Erdogan está tratando de diseñar a las fuerzas armadas como un poder que protege a su régimen. Él espera que sus seguidores vean la transformación en el ejército, al que solían describir como el “enemigo de la religión”






