Para Klaus Lange Hazarian, Turquía equilibra su rol en la OTAN con su creciente interés en los BRICS y su papel ambiguo en el Medio Oriente.

Erdogan reitera su negacionismo en el 110 aniversario del Genocidio Armenio

Para Klaus Lange Hazarian, Turquía equilibra su rol en la OTAN con su creciente interés en los BRICS y su papel ambiguo en el Medio Oriente.

En el 110º aniversario del Genocidio Armenio, Erdogan repite su mensaje anual sin reconocer el crimen. Un análisis del negacionismo persistente y su impacto en las relaciones entre Turquía y Armenia.

En el marco del 110º aniversario del Genocidio Armenio, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, volvió a enviar un mensaje a la comunidad armenia de Turquía que fue leído en la Iglesia Armenia de San Vardanants en Feriköy durante la “Ceremonia de Conmemoración de los Santos Mártires”. Como cada año desde 2012, el mandatario turco evitó reconocer la masacre de más de un millón y medio de armenios como un genocidio, optando por una narrativa distorsionada de los hechos ocurridos durante el Imperio Otomano.

Una vez más comparto sinceramente el dolor sufrido por la comunidad armenia en el pasado”, afirmó Erdogan en su misiva. Sin embargo, sus palabras, en lugar de aportar al reconocimiento y la reconciliación, repitieron argumentos clásicos del negacionismo turco, desde minimizar la responsabilidad estatal hasta sugerir que las muertes fueron resultado de “rebeliones, bandidajes y epidemias”.

La negación del genocidio como política de Estado

El contenido del mensaje no es una excepción aislada, sino parte de una postura oficial sostenida por el gobierno turco. De hecho, ese mismo día, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía emitió un comunicado en el que “rechazó categóricamente las declaraciones sobre los acontecimientos de 1915”, calificándolas como intentos de “explotar el dolor del pasado con fines políticos”.

Esta posición niega de manera sistemática lo que numerosos historiadores y más de 30 países reconocen como el primer genocidio del siglo XX, perpetuado por el Comité de Unión y Progreso entre 1915 y 1923 contra la población armenia del Imperio Otomano. Turquía insiste en presentar los hechos como una consecuencia inevitable del contexto bélico de la Primera Guerra Mundial, ignorando deliberadamente las evidencias de planificación y ejecución sistemática.

Condolencias vacías ante una comunidad diezmada

Erdogan afirmó que “la paz, la seguridad y el bienestar de nuestros ciudadanos armenios seguirán siendo nuestra prioridad”, en un aparente gesto de inclusión. Sin embargo, esta frase contrasta con la realidad de una comunidad cuya presencia ha sido reducida al mínimo, producto de la violencia, la discriminación y la asimilación forzada. Hoy en día, la comunidad armenia en Turquía apenas representa una fracción de lo que fue antes de 1915.

Además, Erdogan evocó una supuesta convivencia histórica: “Hemos vivido juntos durante siglos en esta tierra natal”, afirmación que desconoce las deportaciones forzadas, las masacres, el robo de propiedades y la destrucción sistemática del patrimonio cultural armenio, como lo documentan numerosas investigaciones académicas e informes de organismos internacionales.

Un futuro compartido imposible sin reconocimiento del pasado

El mensaje presidencial concluyó con una apelación al futuro: “Construiremos la era de Turquía juntos, hombro con hombro”. No obstante, construir una relación basada en la confianza y la justicia no es posible mientras se niegue el crimen fundacional del Estado moderno turco. Más aún cuando Ankara continúa apoyando al régimen de Ilham Aliyev en su política de limpieza étnica contra los armenios de Artsaj y ejerce presión geopolítica sobre Armenia.

El silencio sobre los crímenes actuales, combinado con la distorsión del pasado, convierte cualquier expresión de condolencia en un gesto vacío. La conmemoración del Genocidio Armenio no puede ser separada del compromiso con la verdad histórica, la memoria de las víctimas y el derecho a la justicia de sus descendientes.

📅 #24DeAbril | A 110 años del Genocidio Armenio, Erdogan vuelve a enviar condolencias sin reconocer el crimen. El negacionismo continúa

El negacionismo, una barrera persistente para la reconciliación

El intento de presentar el genocidio como un episodio más de una guerra caótica, o como el resultado de revueltas locales, no resiste el escrutinio histórico. Como señala el mensaje turco, “no se deben alentar los intentos de evocar hostilidad a partir de la historia”, pero la hostilidad no proviene del reconocimiento de un crimen, sino de su negación constante.

El camino hacia una reconciliación verdadera pasa por un reconocimiento claro, oficial y sin ambigüedades del Genocidio Armenio por parte del Estado turco. Hasta entonces, cada 24 de abril seguirá marcando no sólo la memoria de una tragedia pasada, sino también el recordatorio de una injusticia aún no reparada.

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