
Rafael Ibrahimov, ex embajador de Azerbaiyán, fue condenado por agresión sexual en una clínica de rehabilitación en Cheshire. Recibió una sentencia suspendida y trabajo comunitario tras agredir a tres mujeres.
El ex embajador de Azerbaiyán en el Reino Unido, Noruega y Suecia, Rafael Ibrahimov, fue condenado el pasado 7 de febrero en el Tribunal de la Corona de Chester por agresión sexual a tres empleadas de una clínica de rehabilitación en Cheshire. Ibrahimov, quien había ingresado a la clínica el 5 de diciembre de 2023 para recibir tratamiento por adicción a los somníferos, se encontraba bajo los efectos del alcohol al llegar, lo que derivó en un comportamiento agresivo y ofensivo.
Ibrahimov, de 58 años, fue sentenciado a 16 meses de prisión en suspenso durante dos años. Además, deberá cumplir con 20 días de actividades de rehabilitación y 200 horas de trabajo no remunerado, mientras que su nombre será registrado en el registro de delincuentes sexuales durante 10 años. A pesar de la gravedad de los cargos, el juez Patrick Thompson destacó las atenuantes personales de Ibrahimov, considerando su falta de antecedentes penales y su edad avanzada como factores determinantes para suspender la pena de prisión.
El fiscal Joshua Gorst describió cómo el ex diplomático, tras llegar borracho a la clínica, agredió a las mujeres tocándolas inapropiadamente y besando sus manos repetidamente. Las víctimas expresaron estar “destrozadas” por los hechos y señalaron que experimentaron ansiedad persistente tras el incidente.

El abogado defensor de Ibrahimov, David Temkin, argumentó que una sentencia de prisión tendría consecuencias devastadoras para la familia del ex embajador, especialmente para su hija, quien es directora ejecutiva de una empresa de ropa en Londres. Temkin indicó que Ibrahimov asume el cuidado de sus nietos, lo que permitiría a su hija cumplir con sus responsabilidades profesionales sin que otro miembro de la familia tuviera que intervenir. Sin embargo, el juez no consideró suficiente este argumento para evitar una condena.
El fallo ha generado reacciones mixtas, especialmente en lo que respecta al impacto de las agresiones en las víctimas. Una de las afectadas expresó que aunque no sufrió lesiones físicas graves, su ansiedad ha perdurado desde el incidente. Las mujeres implicadas dijeron que ahora se sienten vulnerables y temen interactuar con otros hombres debido a la experiencia traumática.
Este caso pone de manifiesto la creciente preocupación sobre la seguridad de los empleados en entornos de atención médica y rehabilitación, así como la importancia de que las víctimas de agresión sexual reciban el apoyo necesario para superar el trauma.






