
Mientras las instituciones de Artsaj fueron disueltas oficialmente en enero, líderes desplazados debaten posibles elecciones simbólicas. ¿Estrategia política o crisis sin fundamento?
La aparente reactivación del discurso en torno a elecciones presidenciales en Nagorno-Karabaj (Artsaj) ha generado inquietud y escepticismo. A pesar de que las instituciones estatales de Artsaj fueron oficialmente disueltas el 1 de enero de 2024 por decreto de su entonces presidente, Samvel Shahramanyan, recientes movimientos dentro de la élite política de Stepanakert sugieren un intento de reanimar estructuras políticas inexistentes, con fines aún no del todo claros.
Las últimas elecciones en Artsaj, realizadas el 21 de mayo de 2020 bajo las reformas constitucionales de 2017, expirarán legalmente este 21 de mayo de 2025. Según trascendió en medios locales, la Asamblea Nacional de Artsaj habría aprobado en primera lectura una serie de enmiendas constitucionales para extender su mandato y el del presidente, argumentando que no se pueden realizar elecciones tras el desplazamiento forzado de la población armenia de Karabaj. La Corte Suprema habría avalado la legalidad del proyecto.
Sin embargo, tras semanas sin noticias sobre una segunda lectura o su firma presidencial, el proceso parece haberse detenido. Shahramanyan declaró a la prensa que aún no ha decidido si se presentará como candidato, aunque está en conversaciones con partidos y organizaciones. Se especula que solo lo hará si todas las facciones parlamentarias lo respaldan como candidato único.
Fuentes cercanas al entorno político afirman que Vitaly Balasanyan, ex secretario del Consejo de Seguridad, podría postularse como presidente, con el exministro de Administración Territorial Hayk Khanumyan como posible rival. Khanumyan ha negado esta versión y afirmó que sólo buscaría un cargo público tras regresar a Artsaj, lo que en sí mismo subraya la imposibilidad fáctica de elecciones reales.
Expertos y analistas coinciden en que estas iniciativas no sólo contradicen el marco jurídico actual, sino también la lógica política de la situación post-Éxodo, dado que la población de Artsaj fue evacuada completamente tras la ofensiva de Azerbaiyán en septiembre de 2023.

A juicio de la diputada Metakse Hakobyan, de la facción “Justicia”, la continuidad del mandato de los representantes electos de Nagorno-Karabaj es esencial para preservar la legitimidad política de Artsaj, incluso en el exilio. “Debe desarrollarse un enfoque racional para no dejar un vacío institucional”, afirmó a Radio Free Europe/Radio Liberty.
El trasfondo de esta postura responde a las tensiones entre la narrativa del gobierno armenio y la de los líderes desplazados de Karabaj. El primer ministro Nikol Pashinyan ha reiterado que Armenia es un Estado democrático con un gobierno legítimo, mientras que la existencia de estructuras paralelas de Artsaj es vista por algunos como un obstáculo para la normalización con Azerbaiyán.
A pesar de esto, se ha reactivado un discurso según el cual las instituciones de Artsaj deben sobrevivir, al menos simbólicamente, en la diáspora. Esto cobra sentido frente a la creación en Bakú de la estructura denominada “Azerbaiyán Occidental”, con la que Azerbaiyán intenta reclamar legitimidad territorial sobre partes de Armenia.
En medio de la confusión, un usuario anónimo conocido como Pap tagavor publicó un supuesto análisis en redes sociales afirmando que el excomandante del Ejército de Defensa, Samvel Babayan, estaría impulsando intrigas para impedir el regreso de Balasanyan al poder. En su relato conspirativo, el objetivo sería provocar disturbios en Ereván y abrir la puerta a una nueva agresión de Azerbaiyán, liderada por Ilham Aliyev.
Aunque tales afirmaciones carecen de evidencia verificable, reflejan el nivel de fragmentación y desconfianza entre los círculos de poder vinculados a Karabaj, así como el uso político del simbolismo electoral en un contexto de derrota militar y desplazamiento masivo.
A todas luces, la discusión sobre elecciones presidenciales en Artsaj es un gesto político más que un proceso institucional real. La pregunta clave es quién gana con este gesto. Algunos sectores podrían estar intentando mantener la visibilidad internacional del conflicto, mientras que otros buscan preservar el capital simbólico de una república ya disuelta de facto.
La “crisis constitucional” de Artsaj, más que un intento serio por restaurar sus instituciones, podría ser una estrategia para evitar la desmovilización total de su causa en la política armenia y en la opinión pública internacional.






