
El partido gobernante de Azerbaiyán, Nuevo Azerbaiyán, obtiene la mayoría de escaños en las elecciones parlamentarias, mientras que la oposición queda excluida del nuevo parlamento.
En las recientes elecciones parlamentarias anticipadas en Azerbaiyán, el partido gobernante, Nuevo Azerbaiyán, liderado por el presidente Ilham Aliyev, ha obtenido la mayoría de los escaños, consolidando su poder en el Milli Majlis (Parlamento Nacional). Según los resultados preliminares, el partido de Aliyev obtuvo 68 de los 125 escaños disponibles, mientras que los partidos de oposición han quedado excluidos del nuevo parlamento.
Aproximadamente el 37% de los votantes acudieron a las urnas, una cifra baja que refleja la apatía y desconfianza de la población en el proceso electoral. Según la Comisión Electoral Central (CEC) de Azerbaiyán, 2.196.771 personas participaron en la votación, confirmando que la mayoría de los escaños fueron ocupados por candidatos que apoyan al gobierno, incluidos aquellos que se presentaron como “independientes” pero que, en realidad, son leales al régimen.
La oposición en Azerbaiyán ha sido prácticamente silenciada en este proceso electoral. El Frente Popular de Azerbaiyán, el partido de oposición más grande del país, decidió boicotear las elecciones, alegando falta de garantías de un proceso justo. Por otro lado, el partido Musavat, que participó por primera vez en 15 años, no logró obtener ningún escaño. Su líder, Arif Hajili, expresó a Reuters: “No creíamos en la integridad de las elecciones, pero participamos para vigorizar la atmósfera política en el país”. Sin embargo, sus esfuerzos no se tradujeron en representación parlamentaria.

El proceso electoral estuvo marcado por denuncias de numerosas violaciones. A pesar de estas irregularidades, los observadores internacionales, incluidos los de la OSCE/OIDDH, calificaron las elecciones como “transparentes y en sintonía con los principios democráticos”. No obstante, estas afirmaciones han sido puestas en duda por diversas organizaciones de derechos humanos, que han criticado las elecciones en Azerbaiyán por no ser competitivas y estar condicionadas por un régimen autoritario.
Además, este año, por primera vez, las elecciones se llevaron a cabo sin la participación de observadores de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Esto ha suscitado preocupaciones adicionales sobre la falta de transparencia y el deterioro de las condiciones democráticas en el país.
El resultado de estas elecciones refuerza aún más el control del presidente Ilham Aliyev y su partido sobre el aparato estatal, dejando a la oposición fuera del escenario político. Las organizaciones internacionales de derechos humanos continúan advirtiendo sobre la creciente represión en Azerbaiyán, donde los medios de comunicación críticos y los opositores al gobierno enfrentan persecución y censura.






