
En una reunión con la comunidad armenia en Suiza, el primer ministro Nikol Pashinyan reflexionó sobre la creciente "emigración" de la diáspora, la conexión entre nacionalidad y ciudadanía, y la importancia de la República de Armenia como patria para la preservación de la identidad nacional.
El primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, en una reciente reunión con representantes de la comunidad armenia en Suiza, abordó temas cruciales para la nación armenia, incluyendo la situación de la diáspora, las relaciones entre el Estado y la Iglesia, y el concepto de una Armenia real. En su intervención, Pashinyan ofreció su perspectiva sobre las tendencias de emigración y cómo la nacionalidad y la ciudadanía de Armenia juegan un papel fundamental en la preservación de la identidad nacional.
Pashinyan subrayó que, en la actualidad, existe una mayor “emigración” de la diáspora armenia que de Armenia misma. El primer ministro explicó que la emigración desde la diáspora ocurre cuando un individuo de origen armenio, aunque conserve su apellido, ya no se identifica con la tradición y la cultura armenia. “La emigración de la diáspora es cuando una persona, siendo de origen armenio, no habla armenio, no vive según la tradición armenia, ni se asocia con la nación armenia”, afirmó Pashinyan, destacando que, aunque mantengan su apellido, estas personas no están conectadas con la comunidad armenia.
El primer ministro también subrayó que, hace cincuenta años, el 90% de la diáspora estaba vinculada a alguna de las organizaciones nacionales armenias, como los partidos políticos, la Iglesia Apostólica Armenia o la Unión Benevolente General Armenia. Sin embargo, en la actualidad, “el 90% de la diáspora no está conectada con ninguna de esas organizaciones”, lo que pone en riesgo la preservación de la identidad nacional, según Pashinyan. “La única opción para salvar a la diáspora es la República de Armenia como patria, de lo contrario, no tenemos diáspora”, agregó.

En cuanto a la relación entre la nacionalidad y la ciudadanía, Pashinyan enfatizó que ambas deben estar más conectadas en el futuro. El concepto de la Armenia real implica que quien considere a la República de Armenia como su patria, independientemente de su ubicación geográfica, seguirá siendo armenio. Para Pashinyan, la ciudadanía armenia es fundamental para definir la pertenencia a la nación, y subrayó que aquellos de origen armenio que no tienen la ciudadanía armenia se consideran parte de la diáspora.
El primer ministro también trató el tema de las relaciones entre el Estado y la Iglesia. A pesar de las preocupaciones en la diáspora sobre la necesidad de una cooperación más estrecha entre ambas instituciones, Pashinyan reafirmó que “el Estado no debe interferir en los asuntos de la Iglesia, y la Iglesia no debe interferir en los asuntos del Estado”. Además, recordó las demandas que surgieron tras la Revolución de 2018, donde muchos pedían un cambio en la figura del Catholicos de la Iglesia Apostólica Armenia. Pashinyan respondió diciendo que ese no era un asunto para el gobierno, ya que el Catholicos representa a todos los armenios y no solo a los de Armenia.
Otro tema clave que abordó Pashinyan fue la transparencia en las actividades financieras de la Iglesia. Durante la reunión, un representante de la diáspora le preguntó sobre los desafíos en la relación entre el gobierno y la Iglesia. El primer ministro respondió que, al igual que el Estado es transparente con sus ciudadanos, la Iglesia también debe serlo.
Pashinyan se mostró firme en que las leyes del país deben aplicarse por igual a todas las entidades, incluida la Iglesia. “Si vendes velas, ¿por qué no deberías dar un recibo?”, cuestionó, haciendo hincapié en la necesidad de que las transacciones de la Iglesia sean tan transparentes como las de cualquier otra organización en el país. Además, al abordar la preocupación sobre la posible imposición de impuestos a la Iglesia, el primer ministro dejó claro que cualquier impuesto generado por las actividades religiosas sería devuelto íntegramente a la Iglesia.
En resumen, Nikol Pashinyan reafirmó que, si bien el gobierno de Armenia está comprometido con la autonomía de la Iglesia, también tiene la responsabilidad de garantizar que todas las instituciones, incluidas las religiosas, operen dentro de un marco de transparencia y cumplan con las leyes fiscales del país. Esta postura refleja un equilibrio entre el respeto a las tradiciones religiosas y la necesidad de modernizar y hacer más transparente el funcionamiento de las instituciones.
Finalmente, Pashinyan reflexionó sobre el concepto de Armenia real, haciendo hincapié en que este debe basarse en una definición clara de lo que significa “patria”. Según el primer ministro, en la historia reciente de la Tercera República de Armenia, se ha hablado mucho sobre el “interés nacional o estatal”, pero pocas veces se ha precisado qué implica realmente ese concepto. “Cuando hablamos de patria, queremos decir cosas diferentes. Este es un fenómeno fenomenal para nosotros”, explicó Pashinyan, quien destacó que el concepto de “patria” debe ser preciso y bien entendido por todos los armenios, ya que solo de esa manera se podrá establecer una agenda clara para el futuro del país.

El primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, expresó su apoyo a un proceso que ha ido cobrando fuerza en su país: la debilitación de los dialectos armenios y la creación de un idioma común.
Este cambio, aunque implica la pérdida de algunos dialectos tradicionales, está llevando a una mayor unidad lingüística, lo cual, según Pashinyan, es crucial para el desarrollo del país. En este sentido, el proceso refleja cómo la nación armenia se está cohesificando y adaptando a una era globalizada.
Pashinyan también destacó que, aunque algunos dialectos, como el de Gyumri, siguen siendo fuertes, no es necesario imponer un idioma regional que pueda resultar incomprensible para otras partes del país. El ejemplo del dialecto de Ijevan fue utilizado para ilustrar cómo la riqueza lingüística no debe ir en detrimento de la comunicación y la cohesión social. “El dialecto de Ijevan tiene valor, pero eso no significa que debamos obligar a la gente de Vardenis o Artashat a hablar de la misma manera”, comentó.
El primer ministro también tocó un tema sensible para la diáspora armenia: la relación con el armenio occidental. Aunque muchos miembros de la diáspora aún hablan armenio occidental, Pashinyan reconoció que, en la Armenia moderna, no es posible obligar a los jóvenes a aprender este dialecto. “No podemos obligar a nuestros jóvenes a hablar armenio occidental. Esa es una realidad objetiva”, dijo, reconociendo que, aunque el armenio occidental sigue siendo una parte importante de la literatura armenia, su relevancia práctica ha disminuido con el tiempo.
Pashinyan subrayó que, para los jóvenes, debe tener sentido hablar armenio occidental, y agregó que, incluso hoy en día, el armenio occidental sigue siendo esencial en el campo literario, con poemas importantes escritos en esta variante del idioma. Sin embargo, lo más importante, según él, es adaptarse a la vida real y a las necesidades del pueblo armenio hoy en día.
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