
Las recientes declaraciones del primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan sobre el genocidio armenio generaron una controversia tanto en Armenia como en la diáspora
Las recientes declaraciones del primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, durante una reunión con la comunidad armenia en Suiza, han generado una intensa controversia tanto en Armenia como en la diáspora armenia. En su discurso, el mandatario abordó cuestiones históricas relacionadas con el genocidio armenio, instando a un replanteamiento del contexto en que se han desarrollado las narrativas sobre este evento.
En sus palabras, Pashinyan señaló: “Debemos entender qué pasó y por qué. ¿Cómo sucedió que en 1939 no había una agenda del genocidio armenio, pero en 1950 apareció? ¿A través de quién lo percibimos y por qué ahora hay un discurso sobre este tema?”
Estas preguntas, que según el primer ministro buscan fomentar un análisis profundo, provocaron una ola de críticas públicas y acusaciones de que podría estar cuestionando la autenticidad del genocidio.
Pashinyan enfatizó que sus comentarios no pretenden negar el hecho histórico del genocidio, sino que buscan analizar las causas y la utilización política rusa de esta tragedia a lo largo de las décadas.
“El genocidio es una tragedia que nos ha marcado profundamente. Existe evidencia de esta tragedia en casi todas las familias armenias”, declaró el primer ministro.
El genocidio armenio, perpetrado por el Imperio Otomano entre 1915 y 1923, es reconocido oficialmente por más de 30 países y numerosas organizaciones internacionales. Sin embargo, sigue siendo negado por Turquía, que considera los eventos como una consecuencia de la Primera Guerra Mundial y no como un acto deliberado de exterminio.
La referencia de Pashinyan a la falta de un discurso sobre el genocidio en 1939 y su aparición en la década de 1950 sugiere un análisis sobre la instrumentalización política de la memoria histórica. Según algunos expertos, durante el período soviético, el discurso sobre el genocidio armenio fue utilizado como una herramienta de presión geopolítica contra Turquía tras su ingreso en la OTAN.
Inmediatamente la Unión de Armenios de Rusia, emitieron un comunicado afirmando que tales declaraciones tienen como objetivo devaluar los valores armenios y provocar disputas vergonzosas. Pero en realidad estaba reaccionado a la insinuación del gobierno que Rusia nunca había apoyado totalmente el reconocimiento aunque transmitiera de generación en generación que eran los “salvadores” de Armenia.
Es de recordar que el Memorial del Genocidio fuera inaugurado el 29 de noviembre de 1967, el día de la sovietización de Armenia, en un engaño que hiciera el gobierno de turno a Moscú, presentándolo como un monumento a la salvación de los armenios, una salvación que trajo la Unión Soviética. Esa
No obstante, las palabras del líder generaron interpretaciones polarizadas, sobre todo por lo políticos pro rusos y por la diáspora organizada alrededor de la FRA y de la Iglesia.
Algunos analistas, como Avetik Chalabyan, cofundador de la asociación civil “HayaKve”, acusaron a Pashinyan de intentar reescribir la historia para satisfacer demandas de Turquía y Azerbaiyán en el marco de la normalización de relaciones diplomáticas. Chalabyan afirmó que “las autoridades están sembrando dudas sobre el genocidio para avanzar en su agenda política”.
A su vez, el exministro de Asuntos Exteriores de Armenia, Vartan Oskanyan, describió las declaraciones de Pashinyan como “un insulto a la memoria de 1,5 millones de víctimas”. Oskanyan acusó al primer ministro de alinearse con narrativas negacionistas propagadas por Turquía.
La diáspora armenia encolumnada con la FRA, particularmente en Estados Unidos y Europa, también expresó su rechazo. Muchas organizaciones temen que los comentarios de Pashinyan debiliten los esfuerzos de reconocimiento internacional del genocidio armenio, un tema que consideran crucial para preservar la memoria histórica.

Desde el gobierno armenio se ha intentado calmar las aguas, aclarando que las declaraciones del primer ministro fueron malinterpretadas. Fuentes oficiales subrayaron que Pashinyan no pone en duda la realidad del genocidio, sino que busca abrir un debate académico sobre su utilización política y su impacto en la identidad nacional armenia.
La avalancha de críticas y aclaraciones está , en realidad, relacionada con la entrevista del Primer Ministro del 25 de enero que puso a la defensiva a las fuerzas pro rusas en Armenia y en la diáspora, cuando Pashinyan expresó de que “si reformamos el ejército con las palabras de Ararat y “Armenia histórica”, nadie nos venderá armas”.
“La estrategia de una Armenia real es precisamente que la patria es el Estado, que no hay patria fuera del estado. Nos pareció que podíamos señalar cualquier parte del mapa mundo y decir esta es nuestra patria, y como resultado nos convertimos en un “puesto de avanzada”. Debemos identificar la patria y el estado, debemos dejar en claro que estamos enfocados en servir al estado y sus intereses, y no pretendemos destruir las vidas de otros o quitar pedazos de otros territorios internacionalmente reconocidos”.
Este discurso confronta con décadas de lo que la diáspora se identifica, ya que fue alimentando con la idea de que Turquía abandonaría/ cedería/ perdería parte de su territorio actual para los descendientes de los armenios de 1915.
Incluso después de decir estas palabras, el Primer Ministro asumió que sería acusado de la destrucción de esa identidad.
“Cada año, decenas de miles de armenios en la diáspora olvidan la última palabra que saben en armenio. ¿Quién hace esto? Una persona, por ejemplo, vive en Australia y sueña con regresar algún día al lugar de nacimiento de sus abuelos, que podría ser cualquier parte del mundo, incluidos Mush, Ardahan, Adana, Sis. Pero para eso tenemos que apuntar a nuestros soldados, ¿verdad? Eso es lo que queremos. Si nuestro discurso es ir con una foto de Ararat para que nos den armas, nadie nos dará armas; porque nadie quiere y mucho menos por nosotros, entrar en conflicto con Turquía. ¿No está claro?”
Las declaraciones de Nikol Pashinyan han reavivado un debate histórico y político de gran relevancia para Armenia y su diáspora. Aunque el primer ministro asegura que sus intenciones son fomentar un análisis crítico, la reacción pública demuestra la sensibilidad del tema y el temor de que cualquier reinterpretación histórica pueda debilitar los esfuerzos por el reconocimiento internacional del genocidio. Este episodio subraya la importancia de abordar temas históricos con precisión y sensibilidad, especialmente cuando se trata de tragedias que han marcado profundamente la identidad de una nación.






