
Armenia baja a 46 puntos en el índice de corrupción 2025 📉 No es una caída dramática, pero sí una señal estratégica. El freno institucional impacta inversión y confianza. En el Cáucaso, la gobernanza vuelve al centro del tablero.
La economía de Armenia pierde impulso institucional tras caer a 46 puntos en el Índice de Percepción de la Corrupción 2025.
Armenia obtuvo 46 puntos en el Índice de Percepción de la Corrupción 2025 y descendió al puesto 65 entre 182 países. El dato refleja un freno en la calidad institucional y afecta la confianza inversora.
La medición, publicada por Transparencia Internacional, sitúa al país un punto por debajo del año anterior. La escala va de 0 a 100. Cincuenta marca la línea roja entre gobernanza estable y riesgo sistémico.
Durante la presentación en Ereván, Varuzhan Hoktanian advirtió que el problema no es la caída sino la parálisis. “El índice esencialmente se ha mantenido igual”, afirmó. Y agregó: “El estancamiento es más alarmante que la caída de un punto”.
El mensaje impacta directamente en la inversión extranjera y en la percepción de estabilidad del Estado. Cuando un país queda debajo de 50 puntos, la corrupción pasa a afectar estructura institucional y eficiencia pública.
Tras la Revolución de Terciopelo de 2018, liderada por Nikol Pashinián, Armenia subió de 35 a 49 puntos en apenas dos años. Fue una de las mejoras más rápidas en Eurasia.

Sin embargo, el impulso perdió fuerza. La puntuación bajó a 47 y ahora cae a 46. El Gobierno fijó como meta alcanzar 55 puntos para 2026. Hoy ese objetivo luce distante.
En su evaluación, Transparencia Internacional reconoció avances normativos. Pero advirtió que el progreso depende de fortalecer independencia judicial y aplicación efectiva de reformas.
El promedio regional de Europa del Este y Asia Central se mantiene en 35 puntos. La fragilidad institucional domina el escenario.
En Georgia, la puntuación cayó de 53 a 50 y ocupa el puesto 56. La organización citó retrocesos democráticos y presiones sobre medios.
Mientras tanto, Azerbaiyán subió de 22 a 30 puntos pese a una fuerte represión interna. El contraste muestra que estabilidad política y percepción de corrupción no siempre avanzan en la misma dirección.
Para Armenia, el dato funciona como señal táctica. No implica colapso, pero sí un freno en el relato reformista que impulsó su reposicionamiento internacional.
El movimiento no cambia la arquitectura regional. Pero sí redefine la narrativa económica del país.






