
⚠️ No hay que dejarse engañar: las tensiones entre Putin y Aliyev no implican ruptura. Azerbaiyán sigue siendo un Estado agente con raíces soviéticas. Armenia debe leer entre líneas la geopolítica del Cáucaso Sur. 🇦🇲🇷🇺🇦🇿 #Armenia #Putin #Aliyev #Cáucaso
En medio del actual debate sobre el futuro de las relaciones armenio-azerbaiyanas, resurgen viejas narrativas que corren el riesgo de nublar la visión estratégica de Armenia. Un intelectual armenio escribió en Facebook que, a diferencia de Ereván en 1991, “el agente de Moscú no era el gobierno de Azerbaiyán”. Esa afirmación, además de discutible, desconoce —como señala el analista Vahram Atanesyan— más de tres décadas de historia política azerbaiyana.

No solo en 1991, sino hasta mediados de 1992, Azerbaiyán estuvo gobernado por un ejecutivo patrocinado por Moscú, encabezado por Ayaz Mutalibov. El país participó en el referéndum sobre la preservación de la URSS y votó masivamente a favor. A cambio, obtuvo el privilegio de liderar la operación “Anillo” en Nagorno-Karabaj, que derivó en desplazamientos forzosos y enfrentamientos a lo largo de toda la frontera armenia, desde Voskepar hasta Nrnadzor.
El siguiente capítulo llegó en junio de 1992, cuando Abulfaz Elchibey (Aliyev) ganó las elecciones presidenciales. Su trayectoria estaba marcada por un caso abierto por la KGB en 1975, acusado de “propaganda panturquista”. Aunque condenado, cumplió su pena en condiciones relativamente suaves para un disidente soviético, y más tarde regresó a la investigación académica en el Instituto de Manuscritos Antiguos de Bakú, algo impensable para otros opositores del régimen.
Según Atanesyan, la elección de Elchibey fue un proyecto político diseñado por Heydar Aliyev, quien un año después tomaría el poder. De hecho, apenas una semana después de los comicios, Moscú puso a disposición de Bakú la división aerotransportada de Ganja, que capturó Shahumyan en tres días.

En 1993, Elchibey cedió el mando a Heydar Aliyev, antiguo residente de la KGB en Oriente Medio. Años más tarde, el poder pasó a su hijo Ilham Aliyev, graduado del MGIMO, con una formación diplomática ligada directamente a la escuela de servicios especiales de la URSS. Esto, recuerda Atanesyan, demuestra que Azerbaiyán sigue siendo un Estado agente, con raíces profundas en la órbita moscovita.
Hoy, en medio de tensiones entre Putin y Aliyev, conviene no confundirse. Las diferencias actuales no deben interpretarse como una ruptura estratégica. “Turquía y Rusia no han rescindido el Tratado de Moscú del 16 de marzo de 1921 sobre la Amistad y la Hermandad. Lo más probable es que no lo rescindan”, afirma Atanesyan.
Para Armenia, este recordatorio es esencial: la aparente contradicción entre Moscú y Bakú puede ser solo un espejismo, y construir su política exterior sobre esa ilusión podría resultar peligroso.






