China es el gran beneficiario estratégico de la guerra en Ucrania. Mientras Rusia se desgasta y Occidente se distrae, Pekín domina

China, el gran beneficiario silencioso de la guerra en Ucrania. Por Klaus Lange Hazarian

China es el gran beneficiario estratégico de la guerra en Ucrania. Mientras Rusia se desgasta y Occidente se distrae, Pekín domina

🇨🇳💣 ¿Quién gana realmente con la guerra en Ucrania? China. Mientras Rusia se hunde y Occidente gasta miles de millones, Pekín avanza sin disparar.

Cómo Pekín capitaliza el conflicto ruso-ucraniano para debilitar a Occidente, expandirse en Eurasia y redibujar el orden mundial

Mientras las tropas rusas y ucranianas se desgastan en el frente oriental, y las capitales europeas destinan miles de millones a mantener la resistencia de Kiev, China observa con calma, opera en silencio y avanza sin disparar un solo tiro. A más de dos años del inicio de la llamada “Operación Militar Especial” lanzada por Rusia, el conflicto se ha transformado en una guerra de desgaste que ha reconfigurado la geopolítica mundial. Y en ese nuevo tablero, Pekín aparece como uno de los grandes ganadores estratégicos.

Aunque el gobierno chino ha mantenido una postura ambigua, sin apoyar directamente la ofensiva rusa ni condenarla, los beneficios obtenidos por China en el marco de este conflicto son notables: ha debilitado el eje euroatlántico, desplazado a competidores europeos del mercado ruso, fortalecido su posición como mediador global y, sobre todo, ha desviado la presión militar y económica de Estados Unidos fuera del Indo-Pacífico, donde se libra su verdadera batalla por la hegemonía global.

Una guerra que reconfigura Eurasia

Para entender el rol de China en la guerra ruso-ucraniana, hay que remontarse a la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) celebrada en Dusambé en septiembre de 2021. En ese encuentro, celebrado en el contexto de la retirada de Estados Unidos de Afganistán, los Estados miembros firmaron un ambicioso programa conjunto contra el terrorismo, el separatismo y el extremismo, que incluía reforzar el componente militar de la organización y proyectar una arquitectura de seguridad eurasiática sin participación occidental.

En esa estrategia, Rusia jugaría el papel de garante militar, mientras China aportaría su peso económico. Poco después, el Kremlin intensificó los contactos con los líderes centroasiáticos y realizó maniobras militares con participación de tropas chinas en Oremburgo. Se inauguraba así una nueva fase de asociación geopolítica en Eurasia, donde la seguridad regional quedaba bajo el paraguas de Moscú, y el desarrollo infraestructural y comercial en manos de Pekín.

China guerra Ucrania
China es el gran beneficiario estratégico de la guerra en Ucrania. Mientras Rusia se desgasta y Occidente se distrae, Pekín domina

Pero el mayor obstáculo para consolidar esta integración era Ucrania: país clave en los corredores logísticos entre China y Europa, y al mismo tiempo, bastión occidentalizado hostil a Moscú. Kiev, junto con Varsovia, bloqueaba rutas de tránsito terrestre esenciales para el proyecto de la Franja y la Ruta. La guerra, en ese contexto, no solo parecía inevitable desde la óptica rusa, sino también funcional a los intereses chinos.

Las deudas pendientes de Pekín con Kiev

Las tensiones entre China y Ucrania no son recientes. Ya en 2013, durante el gobierno de Víktor Yanukóvich, China había conseguido un contrato de arrendamiento por 99 años de tres millones de hectáreas en el sur del país, casi el 9% de la tierra cultivable ucraniana. El proyecto incluía cláusulas de extraterritorialidad y el uso de mano de obra china. La tierra quedaba, de hecho, bajo el control de estructuras del Ejército Popular de Liberación (EPL).

Pero tras el derrocamiento de Yanukóvich en 2014, ese acuerdo fue cancelado por las nuevas autoridades prooccidentales. Más tarde, bajo el gobierno de Petro Poroshenko, China adquirió la planta de motores “Motor Sich”, clave para su industria aeronáutica. En 2021, el gobierno de Volodímir Zelenski nacionalizó la compañía, frustrando la inversión. La decisión fue impulsada por Estados Unidos: el entonces asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, viajó personalmente a Kiev para impedir la transferencia tecnológica a Pekín.

No fue el único golpe. Las inversiones chinas en puertos ucranianos también fracasaron, al igual que las expectativas de que Ucrania se convirtiera en un nodo clave del corredor logístico euroasiático. Para muchos estrategas chinos, Ucrania pasó a ser vista no solo como un socio infiel, sino como un peón de Washington en la contención de China.

¿Un conflicto inducido o aprovechado?

Hay analistas que afirman que la ofensiva rusa en Ucrania también respondía a objetivos compartidos por Moscú y Pekín: crear una barrera geopolítica que impidiera la expansión de la OTAN hacia el este y facilitar la apertura de rutas terrestres alternativas hacia Europa. Según esta lectura, una victoria rápida rusa habría dado lugar a un régimen neutral o prorruso en Kiev, lo que permitiría a China reactivar su acceso al mercado europeo por vía terrestre, con garantías de seguridad ofrecidas por el Kremlin.

Pero la guerra no salió como se esperaba. Tras el fracaso de la toma relámpago de Kiev, Rusia se vio obligada a retroceder, anunciar una movilización parcial y atrincherarse en el Donbás. En ese contexto, China reajustó su estrategia: abandonó la idea de una victoria rusa fulminante y comenzó a capitalizar el conflicto como una guerra de desgaste prolongada, útil para sus propios intereses.

Los beneficios del estancamiento

Pekín comprendió que una guerra larga en Europa oriental era una bendición geopolítica. Según reveló el South China Morning Post, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, le dijo a la jefa de diplomacia de la UE, Kaja Kallas: “Pekín no puede permitir la derrota de Rusia, porque teme que Estados Unidos centre entonces toda su atención en China”. La frase sintetiza la visión estratégica china: cuanto más tiempo duren las hostilidades, más se retrasa la confrontación directa entre China y Occidente.

Además, China obtuvo beneficios económicos concretos. Tras las sanciones impuestas por la UE a Moscú, las empresas chinas ocuparon rápidamente el espacio dejado por las firmas europeas. En 2024, China se convirtió en el primer socio comercial de Rusia, con exportaciones que incluyen desde electrodomésticos hasta drones de doble uso, algunos de los cuales terminan en los frentes ucranianos.

El mercado ruso se convirtió en una economía cautiva para China, sin competencia occidental. Al mismo tiempo, Pekín mantiene una apariencia de neutralidad, evitando sanciones y afirmando que, si realmente apoyara militarmente a Rusia, “el conflicto ya habría terminado”.

El nuevo mapa del poder euroasiático

La guerra también permitió a China consolidar su influencia sobre Asia Central, un espacio históricamente bajo hegemonía rusa. En países como Tayikistán, Uzbekistán y Kirguistán, China es ya el principal socio económico, y en algunos casos, también el garante indirecto de estabilidad. Rusia sigue siendo el actor militar, pero su debilidad en Ucrania redujo su autoridad como potencia protectora, dejando espacio para el ascenso de Pekín.

Además, el conflicto debilitó otros bastiones del proyecto occidental. En África, Oriente Medio y América Latina, la narrativa china de “seguridad compartida” gana terreno, mientras Occidente gasta su capital político y económico en una guerra que se alarga sin una victoria clara. En ese nuevo orden, China ya no busca integrarse a la globalización dirigida por Washington, sino liderar una alternativa multipolar, basada en la infraestructura, el comercio y la “no injerencia”.

Mientras Ucrania pierde vidas, Rusia pierde poder e influencia, y Occidente pierde recursos y paciencia, China gana tiempo, mercados y poder. No necesita tanques ni tropas para avanzar: le basta con observar, esperar y ocupar el vacío que dejan otros. La guerra en Ucrania no fue su guerra, pero sin duda es su victoria estratégica.

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