
Bloque inesperado contra Pashinyan: oligarcas rusos, derecha global y Tucker Carlson se alinean para impulsar una narrativa religiosa que apunta a 2026. 🌍🔥
El frente opositor más inesperado tomó forma desde Washington. El movimiento Our Way, liderado por el multimillonario ruso armenio chipriota encarcelado Samvel Karapetyan, eligió Estados Unidos para lanzar su ofensiva política contra el primer ministro Nikol Pashinyan. Lo hizo a través del influyente comentarista estadounidense Tucker Carlson, quien amplificó un relato que presenta a Pashinyan como protagonista de una “guerra contra el cristianismo”. Ese mensaje conectó a sectores pro-rusos, figuras de derecha y a oligarcas con peso en la región.
Narek Karapetyan, sobrino del empresario y coordinador de Our Way, dijo en la entrevista que Pashinyan busca “hacer que Armenia sea menos cristiana”. Carlson reforzó esa narrativa con afirmaciones sin fuentes sobre una supuesta agenda “transgenerista” del gobierno armenio. El abogado Robert Amsterdam, asesor del multimillonario, afirmó que el Ejecutivo armenio “está decidido a destruir el cristianismo tradicional o la Iglesia”.
Karapetyan volvió a defender a su tío, detenido por incitar a “llamados públicos a tomar el poder” tras confrontar al gobierno en su disputa con la Iglesia Apostólica Armenia. Desde prisión, Samvel Karapetyan creó el movimiento Our Way, que planea competir con Contrato Civil en las elecciones parlamentarias de 2026.
La aparición en el programa de Carlson dejó preguntas abiertas. Analistas armenios se preguntan por qué una fuerza que aspira a disputar el poder presentó su identidad política fuera del país. La diáspora puede amplificar el mensaje, pero no define votos. La decisión pareció priorizar la visibilidad global y la conexión con audiencias conservadoras estadounidenses antes que el impacto interno.
El movimiento buscó instalar una narrativa geopolítica: defender a la Armenia cristiana frente a enemigos externos. Ese marco simplifica la guerra en Nagorno Karabaj y la reduce a un choque religioso entre Armenia y Azerbaiyán. La mayoría de los investigadores sostiene que el conflicto tuvo raíces territoriales y étnicas. Carlson ignoró esa evidencia y reforzó un relato emocional que favorece al nuevo bloque opositor.
El episodio reveló un fuerte giro antiisraelí. Karapetyan acusó a Israel de involucrarse en el frente militar contra Armenia. Carlson agregó: “los israelíes estaban matando cristianos con dinero de los contribuyentes estadounidenses”. El señalamiento omitió un dato central: Rusia vendió más armas a Azerbaiyán que cualquier otro país durante casi dos décadas.
Ese enfoque selectivo reforzó un mensaje funcional a ciertos sectores pro-rusos. El movimiento Our Way acusó además a operadores israelíes de manejar drones y sistemas de largo alcance durante la guerra. No presentó evidencia. La oposición apostó por narrativas que conectan con audiencias conservadoras estadounidenses, pero que tensan la relación con Israel.

Mientras tanto, Carlson enfrentó críticas de figuras del Partido Republicano luego de dar espacio a discursos antisemitas del activista Nick Fuentes en otro programa. Ben Shapiro afirmó que Carlson es “un propagador virulento de ideas viles”. Ted Cruz pidió “erradicar” las posturas antisemitas de la política republicana. Rick Scott tildó la postura antiisraelí de Carlson como innecesaria y dijo que ese nicho ya lo ocupa “el Partido Demócrata”.
El respaldo de la Heritage Foundation mostró que Carlson conserva apoyos sólidos dentro del conservadurismo duro. Esa combinación lo vuelve atractivo para grupos extranjeros que buscan amplificar sus disputas internas en clave ideológica.
La “Plataforma de Verificación de Hechos” armenia revisó las declaraciones de Narek Karapetyan y detectó datos falsos. El dirigente afirmó que los arzobispos Mikael Adjapahyan y Bagrat Galstanyan fueron encarcelados por criticar al primer ministro hace años. Los registros judiciales cuentan otra historia. Adjapahyan enfrentó cargos por “llamados públicos a tomar el poder” tras decir: “necesitamos un golpe de estado”. Galstanyan quedó implicado en la “Santa Lucha”, una protesta que derivó en acusaciones por intentar “tomar el poder” mediante acciones planificadas.
La entrevista distorsionó esos hechos ante la audiencia estadounidense. El resultado reforzó una narrativa que presenta a Pashinyan como un líder anti-cristiano y autoritario, mientras oculta las investigaciones judiciales y los vínculos de los líderes religiosos con llamados a la insurrección.
El caso expuso la conexión entre oligarcas rusos-armenios, grupos conservadores globales y sectores internos que buscan debilitar a Pashinyan. La entrevista de Carlson sirvió como plataforma para unir intereses dispersos. Ese frente sueña con reemplazar al gobierno en 2026 mezclando dinero ruso, ecos ideológicos de Washington y narrativas religiosas.
La estrategia ya no se juega solo en Ereván. Ahora también se despliega en las pantallas estadounidenses.






