La crisis entre Rusia y Azerbaiyán escala con detenciones cruzadas de ciudadanos y líderes comunitarios. Nuevos desafíos geopolíticos

Occidente comete un error estratégico al respaldar a Azerbaiyán contra Rusia. Por Klaus Lange Hazarian

La crisis entre Rusia y Azerbaiyán escala con detenciones cruzadas de ciudadanos y líderes comunitarios. Nuevos desafíos geopolíticos

🇺🇸🇷🇺 Occidente ve a Azerbaiyán como ficha contra Rusia, pero esto podría desatar una tormenta geopolítica en el Cáucaso. EE.UU. juega con fuego. 🔥

En medio del deterioro acelerado de las relaciones entre Rusia y Azerbaiyán, los principales actores de Occidente han comenzado a mirar con simpatía a Bakú como un posible aliado en su política de contención hacia Moscú. Las recientes detenciones mutuas de ciudadanos, los choques propagandísticos y los reclamos cruzados han tensado al máximo una relación ya erosionada. Sin embargo, al interpretar el enfrentamiento como una oportunidad para “expulsar a Rusia del Cáucaso”, Estados Unidos y sus aliados corren el riesgo de encender un conflicto mayor, mucho más allá de lo que están preparados para asumir.

Bakú se enfrenta a Moscú… pero no es Ucrania

Todo comenzó en junio, cuando las fuerzas de seguridad rusas llevaron a cabo redadas en Yekaterimburgo contra supuestas redes criminales vinculadas a ciudadanos azerbaiyanos. Dos personas murieron bajo custodia, lo que provocó una respuesta furibunda de Bakú, que calificó los operativos como “motivados étnicamente”. Rusia, por su parte, alegó causas naturales. Azerbaiyán respondió arrestando ciudadanos rusos —incluidos empleados de medios vinculados al Kremlin— y lanzó una campaña mediática antirrusa sin precedentes.

Pero lo que parece una simple disputa bilateral encierra una lucha de fondo por el control de las rutas energéticas euroasiáticas, la influencia en el Cáucaso y el posicionamiento global. Desde la ofensiva de 2023 sobre Nagorno Karabaj, Ilham Aliyev ha endurecido su postura frente a Moscú, alejándose de la prudencia diplomática tradicional. En paralelo, el gobierno azerbaiyano ha reforzado sus vínculos con Turquía y se presenta como el eje logístico entre Asia Central y Europa, pasando por el ansiado corredor de Zangezur.

Un corredor geopolítico que preocupa a muchos

Bakú ha insistido en que el corredor entre Azerbaiyán y Najicheván debe ser extraterritorial, fuera del control de Armenia. Pero tanto Rusia como Irán han manifestado su oposición frontal, temiendo que Ankara consolide una esfera de influencia turca desde el Mar Caspio hasta el Mediterráneo oriental. La administración de Nikol Pashinyan —en su giro prooccidental— intenta sortear esta presión sin ceder soberanía, y negocia con EE.UU. garantías de seguridad que eviten una agresión directa de Azerbaiyán.

La situación es de alta tensión: Bakú amenaza con el uso de la fuerza si Ereván no accede a sus exigencias. Mientras tanto, la UE y el Reino Unido comienzan a adoptar el relato azerbaiyano, calificando las redadas rusas de “violencia étnica” y mostrando “solidaridad con el pueblo azerbaiyano”, sin mencionar los aspectos delictivos del caso ni el autoritarismo del régimen de Aliyev.

Azerbaiyán Occidente Rusia
Occidente apuesta por Azerbaiyán como contrapeso a Rusia en el Cáucaso, pero expertos advierten que esto podría escalar el conflicto regional

Azerbaiyán: ¿nuevo peón occidental o nuevo problema?

Organizaciones como el Atlantic Council, el Hudson Institute o el Caspian Policy Center, con vínculos financieros o políticos con Bakú, han promovido una imagen positiva de Azerbaiyán en Washington y Bruselas. No obstante, expertos advierten que abrazar a Bakú sin reservas sería un error geoestratégico grave por al menos cuatro razones:

Primero, Rusia sigue teniendo supremacía militar en la región, y podría destruir la infraestructura energética de Azerbaiyán con ataques de precisión si el conflicto escala. Turquía difícilmente se comprometería en una guerra directa con Moscú por Bakú.

Segundo, respaldar abiertamente a Azerbaiyán reforzaría la narrativa del Kremlin sobre el cerco occidental, dificultando cualquier intento futuro de diálogo sobre Ucrania o control de armas nucleares.

Tercero, Aliyev no es un líder democrático. Su gobierno encarcela críticos, reprime libertades y promueve un nacionalismo autoritario muy similar al de Rusia. En junio, el académico Bahruz Samadov fue condenado a 15 años de cárcel solo por pedir paz con Armenia.

Cuarto, estimular la agresividad azerbaiyana puede desatar un conflicto regional de gran escala, que involucraría a Turquía, Irán, Rusia e Israel. EE.UU. no tiene intereses vitales en el corredor Zangezur, pero sí los tiene en evitar una guerra regional en el umbral de Eurasia.

Armenia, atrapada en el medio

Mientras las potencias juegan su ajedrez, Armenia sigue siendo el tablero. El gobierno de Pashinyan intenta redefinir su lugar en el mundo, alejándose del paraguas ruso y acercándose a Occidente. Pero su situación es frágil: la ayuda occidental sigue siendo simbólica, mientras las amenazas de Aliyev son concretas y crecientes. Además, las tensiones internas —con la Iglesia Apostólica Armenia y la oposición— generan un clima de incertidumbre política que puede ser aprovechado por cualquier potencia interesada en desestabilizar.

Occidente debería resistir la tentación de instrumentalizar a Azerbaiyán como ariete contra Moscú. La prioridad debe ser desescalar tensiones, evitar un nuevo conflicto armado y preservar canales de comunicación abiertos con Rusia. De lo contrario, lo que hoy parece una jugada hábil en el tablero del Cáucaso puede transformarse mañana en una crisis incontrolable, con consecuencias globales.

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