
Azerbaiyán aprueba un gasto récord en defensa para 2026, con más de 4.700 millones de dólares destinados al sector militar, mientras aumenta su posición entre los principales compradores de armas del mundo, según CAMTO.
En un contexto regional marcado por tensiones crecientes, el gobierno de Azerbaiyán ha aprobado un gasto récord en defensa y seguridad nacional para el año 2026. Según el proyecto de presupuesto estatal, se asignarán 8.110 millones de manats, equivalentes a aproximadamente 4.700 millones de dólares, lo que representa un aumento sustancial en el financiamiento del aparato militar del país.
La información fue revelada el 16 de abril por la agencia APA, basada en datos oficiales del presupuesto clasificado por funciones para el período 2026-2029.
Como informara SoyArmenio.com, a pesar de esta expansión presupuestaria, Bakú continúa acusando a Armenia de avanzar en un proceso de militarización, especialmente tras el incremento de los suministros de armas procedentes de Francia. Las autoridades azerbaiyanas han llegado incluso a exigir que “se devuelva el equipo ya entregado” a Armenia, según medios regionales.
Esta postura resulta contradictoria si se consideran los recientes datos del Centro de Análisis del Comercio Mundial de Armas (CAMTO), que posicionan a Azerbaiyán como el 16.º mayor importador mundial de armas en 2024, con contratos por valor de 2.220 millones de dólares.
El informe de CAMTO destaca que el volumen total del comercio mundial de armamento en 2024 alcanzó los 122.100 millones de dólares, y que Azerbaiyán firmó contratos de adquisición militar por el 1,8% de esa cifra, superando incluso a países como Estados Unidos, Austria o Grecia.

Entre los países que más compraron armas en 2024 se encuentran:
La posición de Azerbaiyán en este ranking subraya su creciente interés por modernizar y ampliar su arsenal, en un momento en que busca consolidar su influencia regional tras el conflicto en Nagorno-Karabaj.
El creciente gasto militar de Azerbaiyán podría intensificar aún más las preocupaciones en el Cáucaso Sur, una región históricamente volátil. La narrativa oficial de Bakú, centrada en el fortalecimiento de su capacidad defensiva, contrasta con la percepción desde Ereván, donde estas medidas se interpretan como parte de una política de presión y disuasión tras el desplazamiento forzado de los armenios de Artsaj.
Este escenario plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del proceso de paz entre Armenia y Azerbaiyán, así como sobre el equilibrio estratégico en una región de creciente importancia geopolítica.






