
Azerbaiyán rechazó la propuesta de diálogo interparlamentario de Armenia sobre el acuerdo de paz. ¿Qué significa esto para la estabilidad en el Cáucaso?
El proceso de paz entre Armenia y Azerbaiyán ha sufrido un nuevo revés luego de que Bakú rechazara una propuesta de diálogo interparlamentario. Samad Seyidov, jefe del Comité de Relaciones Exteriores e Interparlamentarias del Milli Majlis (Parlamento de Azerbaiyán), se negó a reunirse con su homólogo armenio, Sargis Khandanyan, quien había propuesto una reunión para discutir el proyecto de acuerdo de paz entre ambos países.
El diputado armenio Sargis Khandanyan, representante de la facción gobernante Contrato Civil, expresó su frustración en su cuenta de X (Twitter), revelando que su propuesta fue desestimada por Bakú, calificándolo de “populista”.
“Mi homólogo azerbaiyano se negó públicamente a reunirse para intercambiar opiniones sobre el proyecto de acuerdo de paz, llamándome “populista”. Si la propaganda de paz es populismo, entonces acepto con orgullo esta definición”, escribió Khandanyan.
A pesar de la negativa, el diputado armenio reafirmó su voluntad de diálogo:
“Mi propuesta sigue sobre la mesa. Estoy dispuesto a participar en las medidas interparlamentarias de fomento de la confianza, trabajando por la paz y la estabilidad en nuestra región”, agregó.

El primer ministro Nikol Pashinyan ha insistido en que el acuerdo de paz entre ambos países ya está listo y solo espera la firma final. El 13 de marzo, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Armenia confirmó que aceptó las modificaciones propuestas por Azerbaiyán en dos artículos no coordinados, dejando el documento listo para su ratificación.
Sin embargo, la parte azerbaiyana ha impuesto nuevas condiciones previas, alegando que “aún es pronto” para definir una fecha para la firma del acuerdo. Esto ha generado inquietud en el gobierno armenio, que ha expresado su disposición para iniciar consultas sobre el lugar y la fecha de la reunión final.
El rechazo de Azerbaiyán a las conversaciones interparlamentarias evidencia las dificultades que enfrenta la normalización de relaciones entre Ereván y Bakú, luego de décadas de conflictos, incluyendo la reciente guerra en Nagorno-Karabaj.
Mientras Armenia insiste en avanzar hacia un acuerdo definitivo, Azerbaiyán sigue postergando el proceso, lo que genera incertidumbre sobre el futuro de la estabilidad en el Cáucaso Sur.






