
Armenia inicia un cambio en su economía con la inauguración de la fábrica de acero en Ararat. Con una inversión de US$31 millones de dólares, la planta producirá varillas de acero y otros productos terminados, marcando un paso clave hacia la industrialización y la exportación de bienes elaborados.
La economía de Armenia está en un proceso de transformación, con un giro estratégico hacia la exportación de productos terminados en lugar de materias primas. Un ejemplo clave de este cambio es la puesta en marcha de la fábrica de varillas de acero corrugadas en Ararat, operada por GTB Steel, que comenzó sus actividades recientemente tras una inversión de 31 millones de dólares.

La planta, que inicialmente estaba planificada para construirse en Yeraskh, tuvo que trasladarse debido a las tensiones con Azerbaiyán, que calificó la construcción como una amenaza. Finalmente, la fábrica se estableció en Ararat y se espera que produzca 112.800 toneladas de productos de acero anualmente. Actualmente, emplea a 240 trabajadores, pero la cifra podría superar los 500 empleados en los próximos tres años.
El economista Armen Ktoyan, en una entrevista con Radiolur, destacó la importancia del funcionamiento de esta planta, señalando que su producción está orientada, en primer lugar, a cubrir la demanda interna antes de expandirse a la exportación. “Cuanto más cerca esté su producto de la cadena de valor final, más oportunidades habrá de obtener una mayor participación en ese valor añadido“, afirmó Ktoyan.
El proceso de producción incluye la fabricación de varillas corrugadas de acero, tubos, bolas de molienda y bobinas laminadas en caliente y en frío, utilizando chatarra y hierro esponjado como materia prima.
El traslado de la planta desde Yeraskh a Ararat fue una decisión motivada por razones de seguridad. En junio de 2023, las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán abrieron fuego contra un tractor que trabajaba en la construcción de la fábrica, dejando dos trabajadores heridos. A pesar de las dificultades, el proyecto siguió adelante y se consolidó como un hito en la industria armenia.
El economista Sos Khachikyan, director del Centro de Investigación Interdisciplinaria de ASUE, considera que esta inversión en el sector industrial es clave para la economía de Armenia. “Se trata de una inversión que fortalece un sector históricamente vulnerable en nuestro país”, explicó.
Khachikyan también subraya que la inversión extranjera es otro factor crucial. “El capital que viene de otros países también es un factor de seguridad. Cuanto más capital provenga de diferentes naciones, más interés habrá en proteger esas inversiones“, argumentó.

Aunque la puesta en marcha de la fábrica es una señal positiva, los expertos advierten que su impacto en el crecimiento económico nacional será limitado. Según Ktoyan, el impacto de un punto porcentual en el crecimiento del PIB de Armenia equivaldría a 250 millones de dólares anuales en valor añadido, algo difícil de lograr con proyectos individuales de este tamaño.
Sin embargo, la clave de este desarrollo radica en el modelo económico que representa. La producción de bienes terminados permite una mayor rentabilidad y puede marcar el inicio de un cambio estructural hacia una economía menos dependiente de la exportación de materias primas.
Los economistas coinciden en que este tipo de inversiones deben continuar para consolidar una industria manufacturera fuerte, capaz de generar empleo, atraer más inversión extranjera y posicionar a Armenia como un exportador de productos elaborados.






