
🌍 Armenia y Pakistán dan un paso histórico. Embajadas en camino tras décadas sin relaciones. Un giro que impacta en el Cáucaso. Te contamos qué hay detrás del acuerdo
En medio de un escenario geopolítico marcado por la guerra en Irán y la reconfiguración de alianzas en Eurasia, Armenia y Pakistán avanzan hacia un paso histórico: la apertura de embajadas, aunque en una primera etapa serán no residentes.
El anuncio lo realizó el canciller Ararat Mirzoyan durante la presentación del informe anual del Ministerio de Asuntos Exteriores ante el Parlamento. “Estamos en el proceso de nombrar embajadores”, confirmó.
La decisión marca un giro clave en una relación que durante décadas estuvo condicionada por los conflictos de Armenia con Azerbaiyán y Turquía.
Mirzoyan fue directo al explicar el trasfondo. “Hace años que hay un problema sin resolver”, afirmó, en referencia a la histórica negativa de Islamabad a establecer relaciones diplomáticas con Ereván.
El avance llegó en 2025, cuando ambas partes alcanzaron un entendimiento político. Pakistán, que tradicionalmente apoyó la posición azerbaiyana en el conflicto de Nagorno-Karabaj, cambió su postura y dio luz verde al acercamiento.
El punto de inflexión ocurrió el 31 de agosto de 2025, cuando Mirzoyan y su par paquistaní Mohammad Ishaq Dar firmaron una declaración conjunta para establecer relaciones diplomáticas.
El acuerdo se concretó durante la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en Tianjin, en China, lo que también refleja el papel creciente de Asia en la diplomacia regional.

El modelo elegido, con embajadores no residentes, responde a una lógica pragmática. Permite iniciar relaciones formales sin desplegar aún estructuras diplomáticas completas.
Desde Ereván consideran que esta etapa puede evolucionar hacia embajadas permanentes, dependiendo del desarrollo político y económico del vínculo.
El acercamiento entre Armenia y Pakistán no ocurre en el vacío. Llega en un momento donde el sur de Asia y el Cáucaso atraviesan cambios profundos.
La guerra en Irán, la presión sobre corredores logísticos como el TRIPP y el reposicionamiento de actores regionales obligan a redefinir alianzas.
En ese contexto, la decisión de Islamabad de abrir canales con Ereván sugiere una estrategia más flexible y menos atada a viejos bloques.
El establecimiento de relaciones diplomáticas abre la puerta a cooperación política, económica y posiblemente comercial.
También reduce el aislamiento histórico entre ambos países y puede influir en el equilibrio regional, especialmente en relación con Azerbaiyán.






