
Armenia mejora su posición en el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2025, según Reporteros sin Fronteras, pero persisten desafíos como la presión editorial, la polarización política y la impunidad ante los ataques a periodistas.
Armenia ha registrado un avance significativo en el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2025, publicado por Reporteros sin Fronteras (RSF). Según el informe, el país caucásico ascendió nueve posiciones respecto al año anterior, ubicándose en el puesto 34 de un total de 180 países, con 73,96 puntos. Este progreso refleja mejoras notables en comparación con el lugar 43 obtenido en 2024.
El informe señala que, desde la “Revolución de Terciopelo” de 2018, Armenia ha sido testigo del surgimiento de numerosos medios de comunicación nuevos y portales informativos independientes como Civilnet.am, Hetq.am, Factor.am y Azatutyun.am. “Estos medios están cumpliendo su papel de vigilancia independiente, lo cual es esencial para la democracia”, destaca RSF.
Mientras Armenia mejora, la situación en los países vecinos sigue deteriorándose. Según la misma clasificación:
Estos datos confirman que el Cáucaso Sur y Medio Oriente siguen siendo zonas de alto riesgo para el ejercicio del periodismo libre, especialmente en contextos autoritarios o con conflictos activos.

A pesar de su mejora, RSF advierte que la libertad de prensa en Armenia enfrenta obstáculos estructurales. En más de la mitad de los países evaluados (92 de 180), incluidos varios de la región, los propietarios de medios limitan frecuentemente la independencia editorial. Armenia no es la excepción.
El informe destaca que la mayoría de los medios impresos y audiovisuales en Armenia “están vinculados a intereses políticos y comerciales” y sufren presiones sobre sus líneas editoriales. Esta situación, según el documento, refleja una profunda polarización política, donde muchos medios actúan como portavoces de las facciones dominantes o de antiguos oligarcas.
“Dos temas se consideran particularmente sensibles: las negociaciones con Azerbaiyán y las tensiones con Rusia”, señala RSF. “Algunos grupos políticos desarrollan campañas de desinformación y ataques a periodistas”.
RSF reconoce que Armenia ha adoptado leyes para garantizar la transparencia de la propiedad de los medios, pero recalca que el marco jurídico vigente no protege adecuadamente la libertad de prensa ni se ajusta a los estándares europeos.
“El acceso a la información estatal sigue siendo limitado por medio de dilaciones, negativas u omisiones deliberadas”, apunta el informe.
Uno de los aspectos más preocupantes del informe es la creciente deslegitimación del periodismo como profesión. RSF denuncia que “la retórica agresiva de las élites políticas, que acusan a los periodistas de corrupción o de servir a intereses enemigos, crea un clima hostil que obstaculiza gravemente su labor”.
Los periodistas en Armenia son frecuentemente blanco de insultos, violencia verbal y física, tanto por parte de funcionarios gubernamentales como de figuras de la oposición, en espacios tan diversos como la Asamblea Nacional, las calles o las redes sociales.
Además, los enfrentamientos fronterizos con Azerbaiyán dificultan aún más el trabajo de los profesionales de la información.
“En general, la violencia contra periodistas permanece impune”, concluye el informe.






