Iglesia armenia y KGB: el debate que revive las sombras soviéticas sobre el Estado independiente. Por Klaus Lange Hazarian

📌 Armenia vuelve a debatir su pasado soviético. Archivos del KGB, clero bajo sospecha y una Iglesia que justifica la cooperación reavivan la grieta política. Historia, poder y memoria chocan otra vez.

La publicación de documentos del archivo del KGB sobre clérigos, partidos y figuras políticas volvió a abrir una herida histórica en Armenia. El caso reavivó viejas sospechas, desde Levon Ter-Petrosyan, pasando por la ARF hasta altos representantes de la Iglesia Apostólica Armenia, y expuso una disputa política con impacto institucional.

El Servicio de Seguridad Nacional de Armenia difundió una tarjeta de archivo que registra al arzobispo Yeghishe Nersisyan como agente del KGB bajo el nombre en clave “Karo”. La revelación desató una defensa pública desde la Sede Madre de Santa Echmiadzin y una reacción crítica desde amplios sectores sociales y políticos.

Acusaciones de Ter-Petrosyán contra la ARF 

En junio de 1992, Ter-Petrosyán pronunció un discurso televisado en el que acusó a la Federación Revolucionaria Armenia (ARF), su principal oposición política, de colaborar con la KGB. Esta acusación fue el preludio de la prohibición del partido en 1994, tras alegar que se había descubierto un complot de la ARF (el “Grupo Dro”) para derrocar violentamente al gobierno. 

El antecedente de Levon Ter-Petrosyan

El primer presidente de la Armenia independiente, Levon Ter-Petrosyan, ya había enfrentado acusaciones similares en los años noventa.

En 2025, informes de fuentes armenias han hecho circular un presunto documento de referencia de la KGB de la RSS de Armenia que afirma que Ter-Petrosyán fue inscrito en la reserva especial de la KGB en 1977. La autenticidad de dicho documento no ha sido confirmada de manera oficial.

Medios cercanos a la oposición difundieron su supuesta “tarjeta de reclutamiento”, donde figuraba como traductor de reserva. Nadie verificó la autenticidad ni explicó la base legal de su filtración.

El actual primer ministro armenio, Nikol Pashinyán, ha acusado a Ter-Petrosyán de haber colaborado con la KGB y de haber convertido a Armenia en un “estado títere” de Rusia durante su mandato.

Durante una campaña presidencial posterior, Paruyr Hayrikyan afirmó que Ter-Petrosyan era “un agente del KGB, si no directo, al menos por influencia”. El estigma político persistió, pese a que Ter-Petrosyan impulsó el proceso que llevó al referéndum del 21 de septiembre de 1991 y a la independencia de la URSS.

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Levon Ter-Petrosyan acusa a Nikol Pashinyan de “traidor” y lo responsabiliza por Artsaj, la guerra de 2020 y la crisis de refugiados armenios

La defensa desde Echmiadzin

El diácono Asoghik Karapetyan, director de Archivos y Museos de Etchmiadzin, publicó en Facebook una defensa del clero acusado. “Las relaciones de la Iglesia con las autoridades siempre fueron una necesidad natural”, escribió, y sostuvo que el KGB “garantizaba la seguridad de la Patria”.

La afirmación es para que genere un fuerte rechazo. Para sus críticos, el diácono asume que la Unión Soviética era la patria a la que debía servir la Iglesia, incluso mediante cooperación con un aparato represivo. Voces opositoras interpretaron la postura como una justificación ideológica del sistema soviético.

Memoria histórica y represión

Los archivos históricos documentan que entre 1937 y 1938 la NKVD, antecesora del KGB, persiguió y eliminó al clero armenio como fuerza independiente. El Catholicós Khoren I Muradbekyan murió en 1938, en pleno Gran Terror. Sacerdotes fueron fusilados, exiliados y templos cerrados.

Cuando la represión directa resultó insostenible, el sistema recurrió al control mediante agentes y chantaje. “Presentar esa vigilancia como patriotismo es una tergiversación”, sostienen historiadores críticos. Según esta lectura, justificar a los agentes implica blanquear la represión y la subordinación a Moscú.

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El debate por los archivos del KGB reabre tensiones entre Iglesia y Estado en Armenia y revive las sombras del pasado soviético.

Iglesia, Estado y política actual

El debate excede el caso del arzobispo Nersisyan. La narrativa defendida por Karapetyan coincide con sectores abiertamente anti-Nikol Pashinyan y reactiva una visión del Estado “mediada por el folleto del KGB”.

Esa postura opositora no debería nunca justificar estar del lado del victimario de grandes armenios como Vahan Totovents, Konstantin Zaryan (reprimido, sobrevivió milagrosamente), Derenik Demirchyan (reprimido), Stepan Zorian (reprimido), Avetik Isahakyan (arrestos, exilio), Amo Saghyan (persecución), Nigol Aghbalyan, Arshak Chobanyan, Yervand Kochar (arrestado, prisión), Mikael Nalbandyan (reprimido), Levon Shant (reprimido), Khachatur Abovyan (el caso fue utilizado en la ideología represiva), Simon Vratsyan (persecución, emigración), Ruben Ter-Minasyan (reprimido), Drastamat Kanayan (Dro) (condenado en ausencia), Garegin Nzhdeh (arresto, prisión, muerte bajo custodia), Levon Khojayan, Artavazd Peleshyan (persecución), Vazgen I (presión, chantaje), Zorik Sargsyan, Grigor Magistros (reprimido), Ashot Hovhannisyan (reprimido), Aram Manukyan (declarado póstumamente “enemigo”), Avetis Aharonyan (persecución), Alexander Myasnikyan (el caso se usó en las purgas) y Suren Spandaryan (reprimido).

La Sede Apostólica, el Catholicós Karekin II y el propio Nersisyan mantienen silencio público. La controversia, sin embargo, ya impacta en la relación entre Iglesia y Estado, un vínculo clave desde la independencia.

La pregunta central persiste: ¿puede una Armenia soberana normalizar la cooperación con un aparato que persiguió su identidad espiritual y nacional?

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