
⚔️ Armenia y Azerbaiyán ya exportan armas. Radiolur comparó el gasto militar de ambos países en 2025. Bakú supera los 5.000 millones de dólares en defensa. Ereván apuesta por innovación y cooperación tecnológica con Francia e India. La carrera militar en el Cáucaso entra en una nueva fase.
El mercado armamentístico del Cáucaso muestra una nueva dinámica. Armenia y Azerbaiyán no solo compran armas. Ambos países ya intentan posicionarse como exportadores de productos militares, según datos comparados por el medio público armenio Radiolur sobre las tendencias de 2025.
El debate llega en un momento político sensible. El Parlamento armenio discutirá la próxima semana el informe del gobierno sobre la ejecución del plan estatal de 2025, donde el sector de defensa ocupa uno de los capítulos más observados.
Mientras el gobierno destaca avances, la oposición sospecha de un informe con tono preelectoral a pocos meses de las elecciones.
En 2025, el presupuesto de defensa de Armenia alcanzó 664 mil millones de drams, unos 1.741 millones de dólares. El aumento se explica por anticipos para la compra de armamento.
El ministro de Defensa, Suren Papikyan, defendió el crecimiento del gasto.
“Quiero que sigamos considerando 2025 como un año altamente productivo”, afirmó en su balance anual.
El ministro comparó las cifras con el período anterior a 2018. Según Papikyan, el gasto militar entonces era de 245 mil millones de drams, muy inferior al actual.
Sin embargo, el aumento no elimina la brecha con Azerbaiyán. El presupuesto militar de Bakú superó los 5.000 millones de dólares, casi tres veces más que el de Armenia.
Además, el gasto en defensa y seguridad nacional de Azerbaiyán creció 23 % en 2025.
Durante la presentación del informe en el Parlamento azerí, el primer ministro Ali Asadov destacó la expansión del sector.
Según el jefe de gobierno, Azerbaiyán produce armamento propio y exporta productos militares a casi veinte países.
Este crecimiento forma parte de la estrategia de fortalecimiento militar posterior a la guerra del Alto Karabaj de 2020, cuando Bakú intensificó el desarrollo de su complejo industrial de defensa.
Armenia también intenta ocupar su espacio en el mercado global de industria militar. Aunque el gobierno no reveló cifras de exportación, varias empresas locales ya recibieron licencias para vender productos militares en el extranjero.
El ministro de Industria de Alta Tecnología, Mkhitar Hayrapetyan, describió este proceso como un cambio estructural para el sector.
“El establecimiento de cooperación internacional por parte de nuestras empresas industriales militares es una prioridad”, afirmó.
El gobierno impulsó además la plataforma CAMP (Cooperación en tecnología militar de Armenia). El programa organizó encuentros empresariales con compañías de Francia e India, que visitaron Armenia para explorar asociaciones tecnológicas.

El gobierno armenio también incrementó la financiación de investigación y desarrollo en la industria militar.
Según Hayrapetyan, el financiamiento para proyectos científicos y desarrollos experimentales creció 50 %.
Además, se aprobó un nuevo marco legal que permite a las empresas utilizar equipamiento del Ministerio de Defensa de Armenia para probar nuevas tecnologías.
“Cada año vemos la creación de docenas de nuevos productos por parte de nuevas empresas”, afirmó el ministro.
El debate sobre defensa también refleja la estrategia de seguridad del primer ministro Nikol Pashinyan.
El líder armenio propuso un enfoque que redefine la jerarquía de seguridad nacional.
Según explicó, la política exterior debe ser la primera línea de defensa, seguida por la diplomacia y solo en tercer lugar por el ejército.
“La diplomacia debe ser tan eficaz que no surja la necesidad de que intervenga el ejército”, sostuvo Pashinyan.
La comparación entre Armenia y Azerbaiyán refleja dos estrategias paralelas.
Bakú mantiene una clara ventaja presupuestaria y una industria militar consolidada.
Ereván apuesta por innovación tecnológica, cooperación internacional y el desarrollo gradual de su sector de defensa.
El equilibrio militar seguirá siendo uno de los factores clave en la estabilidad del Alto Karabaj y del Cáucaso Sur en los próximos años.






