
⚠️ Nuevo obstáculo para la paz. Mirzoyan revela cómo Bakú bloquea la firma del acuerdo de paz con una presión indirecta sobre la Constitución.
Las negociaciones entre Armenia y Azerbaiyán suman un nuevo punto de tensión. El canciller Ararat Mirzoyan reveló que Bakú no exige formalmente modificar la Constitución armenia, pero condiciona la firma del acuerdo de paz a ese punto.
La declaración expone una estrategia indirecta que complica el cierre del conflicto.
Durante una sesión parlamentaria, Mirzoyan explicó el enfoque azerbaiyano. “Dicen que es un asunto interno nuestro, pero que no firmarán el acuerdo si esas formulaciones siguen ahí”, afirmó.
El punto en disputa son las referencias a Nagorno-Karabaj dentro de la Constitución armenia.
Según el canciller, Bakú evita plantearlo como una exigencia formal. Sin embargo, utiliza ese argumento como condición política para avanzar hacia la paz.
La posición de Ereván es clara. Tanto Mirzoyan como el primer ministro Nikol Pashinyan niegan que la Constitución incluya reclamos territoriales contra Azerbaiyán.
Además, insisten en que cualquier cambio constitucional es un asunto soberano. No puede formar parte de negociaciones internacionales.
“Es nuestro derecho interno”, reiteró Mirzoyan ante el Parlamento.

El mecanismo descrito genera un bloqueo de facto. Azerbaiyán no negocia la Constitución, pero la convierte en una barrera para el acuerdo.
Desde la perspectiva armenia, esta postura carece de fundamento jurídico. Consideran que la firma del tratado debería resolver las interpretaciones divergentes. “La mejor solución es la firma y ratificación del acuerdo”, sostuvo el canciller.
Las posiciones entre ambas partes siguen siendo incompatibles. Armenia busca cerrar el acuerdo sin condiciones sobre su marco constitucional.
Azerbaiyán, en cambio, mantiene su advertencia. Sin cambios en el texto, no habrá firma final.
Este desacuerdo refleja un problema mayor. No se trata solo de un documento legal, sino de narrativas enfrentadas sobre el conflicto.
El proceso de paz avanza, pero con obstáculos estructurales. La Constitución armenia se convirtió en un nuevo campo de batalla político.
Bakú evita exigir cambios de forma directa. Pero en la práctica, los impone como condición. Ereván resiste. Defiende su soberanía jurídica. En el medio, la paz sigue pendiente.






