
📢 Pashinyan descarta amenaza a Syunik y apuesta por la paz. Frente a la retórica de Azerbaiyán, reitera el plan de paz y calma el clima. Mientras tanto, Aliyev pide el regreso de azeríes deportados.
El primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, ha calificado como “provocativas e irrazonables” las declaraciones que apuntan a una supuesta amenaza de Azerbaiyán contra la provincia de Syunik (Sur de Armenia), manifestando su preocupación por la generación de ansiedad, pánico e incertidumbre entre la ciudadanía armenia.
Durante una rueda de prensa ofrecida este miércoles en Ereván, en respuesta a preguntas de periodistas, Pashinyan enfatizó:
“Estas declaraciones están hechas para generar ansiedad, pánico y desconcierto entre los ciudadanos de Armenia.”
“Como dije, no habrá una nueva guerra entre Armenia y Azerbaiyán, habrá paz.”
El primer ministro recordó que los gobiernos de Armenia y Azerbaiyán alcanzaron un proyecto de acuerdo de paz destinado a normalizar las relaciones interestatales y garantizar la convivencia pacífica. En este contexto, Pashinyan manifestó su plena confianza:
“No habrá una nueva guerra… habrá paz”, reafirmó el mandatario, abogando por estabilizar la región en lugar de alimentar temores infundados.

Paralelamente, el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, intervino en un simposio convocado por la red global de defensorías del pueblo (ombudsman), donde afirmó:
“La justicia histórica requiere garantizar el regreso pacífico y seguro de los azerbaiyanos que residían en territorio armenio ancestral”, refiriéndose al restablecimiento de derechos para ciudadanos que habrían sido desplazados.
Este llamamiento a la “reconciliación y a los derechos humanos” se produce en el marco de las negociaciones sobre un posible acuerdo de paz entre ambos países.
Las declaraciones de ambas partes emergen en un momento de incertidumbre regional, agravada por la reciente escalada del conflicto Irán–Israel, y refuerzan la importancia de esfuerzos diplomáticos destinados a evitar la reactivación del conflicto armado.
El contraste entre el tono beligerante —que califica como provocativo Pashinyan— y los llamados a un retorno ordenado a casa hacen patente la dualidad entre retórica nacionalista y acuerdos políticos en curso.






