
🚨 La tregua entre Irán e Israel duró apenas 3 horas. Trump la anunció, pero el fuego cruzado y las acusaciones continúan. ¿Es posible la paz?
La esperada tregua entre Irán e Israel, anunciada por el expresidente estadounidense Donald Trump como “permanente” y “efectiva en 24 horas”, duró menos de tres. El frágil alto el fuego colapsó luego de que Israel acusara a Teherán de lanzar misiles, lo que Irán rechazó, calificando el hecho como una provocación premeditada. Y aún intentan mantenerlo.
El fracaso inmediato del acuerdo plantea dudas no solo sobre su sostenibilidad, sino también sobre la lógica misma de una paz duradera entre dos Estados cuyas doctrinas estratégicas se excluyen mutuamente.
En declaraciones al canal ruso Soberano, el analista del Instituto de Oriente Medio, Serguéi Balmasov, fue categórico:
“La paz real solo es posible con la existencia de uno solo de los dos Estados. Irán mantiene oficialmente el objetivo de destruir a Israel. Para Tel Aviv, evitarlo es una cuestión de supervivencia nacional. No se puede hablar de reconciliación cuando ambos se ven mutuamente como una amenaza existencial”.
El especialista también señaló que los sectores más duros del gobierno israelí no estaban interesados en el alto el fuego, dado que ninguno de los objetivos estratégicos del primer ministro Benjamin Netanyahu se cumplió: ni derrocamiento del régimen iraní ni eliminación del programa nuclear.
Según Balmasov, la estrategia israelí podría ahora trasladarse hacia una guerra encubierta, con operaciones de inteligencia destinadas a desestabilizar el régimen iraní desde dentro y sabotear su programa nuclear.
Al mismo tiempo, Irán ya estaría reforzando su actividad atómica tras percibir el último episodio como una prueba más de que “el desarrollo nuclear acelerado es necesario para su seguridad”.
La situación anticipa un escenario en el que los acuerdos tácticos sirven solo como pausas momentáneas, y no como pasos genuinos hacia la desescalada.

La iniciativa de Trump, en apariencia diplomática, parece haber tenido más de cálculo geopolítico que de pacificación sincera. Logró proyectar una imagen de mediador, mantuvo satisfecho al lobby proisraelí, pero negoció la tregua vía Qatar, no Tel Aviv.
“Trump sitió a Irán, pero no permitió que Netanyahu saliera vencedor. Prefirió fortalecer su alianza con las monarquías del Golfo: Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Ellos son ahora el nuevo rostro de la inversión regional, mientras Tel Aviv sufre bajo el fuego iraní”, explica Balmasov.
El distanciamiento entre Trump y Netanyahu parece hoy evidente. Israel dejó de ser el principal socio estratégico en la región, desplazado por socios más rentables y previsibles para Washington.
La respuesta, según los analistas, es inquietante. Mientras Irán insista en borrar a Israel del mapa y Tel Aviv responda con operaciones de sabotaje, cualquier cese del fuego será temporal, frágil y políticamente condicionado.
En un contexto donde Estados Unidos juega a varios tableros simultáneos, la verdadera pregunta no es si habrá paz, sino si ambos Estados lograrán sobrevivir sin desatar un conflicto regional mayor.






