
🇦🇿❗ Aliyev pide que el mundo inspeccione Armenia, pero bloqueó por años a la UNESCO en Karabaj y Najicheván. La evidencia satelital muestra destrucción total de patrimonio armenio.
El presidente Ilham Aliyev volvió a acusar a Armenia de destruir el cultural azerí y llamó a organismos internacionales a “verificar” el estado de los monumentos atribuidos a “Occidente de Azerbaiyán”, nombre con el que Bakú intenta redefinir el territorio soberano armenio. La paradoja es evidente: mientras Aliyev abre la puerta a misiones externas en Armenia, Azerbaiyán lleva décadas impidiendo la entrada de expertos en Nagorno-Karabaj y Najichevan, incluso cuando la UNESCO lo pidió de forma oficial.
Durante la conferencia internacional celebrada el 5 de diciembre en Bakú, Aliyev aseguró que Armenia “eliminó sistemáticamente” mezquitas, cementerios y santuarios azeríes. Reclamó medidas globales para “documentar los crímenes” y llamó a iniciar procesos de restauración con el aval de la ONU. La narrativa no es nueva. Funcionarios de Bakú repiten desde 2024 que Armenia destruyó cientos de cementerios y mezquitas vinculadas a comunidades musulmanas que vivieron allí en los siglos XIX y XX.
La evidencia disponible muestra algo distinto. Tras el conflicto, Armenia preservó numerosos cementerios musulmanes en regiones como Lori, Ashvorik, Ardenis, Zorakert y Garnarich. En Bürakn, los cementerios armenio y azerbaiyano siguen en pie. Algunos no están cuidados, pero no fueron profanados. Incluso se conservaron lápidas en árabe otomano junto a tumbas recientes.
Mientras Armenia mantiene estos sitios, Azerbaiyán destruyó por completo el cementerio armenio medieval de Julfa, en Najicheván, considerado uno de los mayores conjuntos de jachkar del mundo. Más de 10.000 lápidas y cruces de piedra fueron demolidas entre finales de los 90 y 2005. Las imágenes satelitales de Caucasus Heritage Watch confirman que el lugar quedó reducido a tierra limpia.
El Parlamento Europeo condenó en 2006 la destrucción y exigió acceso internacional a Najicheván. Azerbaiyán bloqueó todas las misiones. Sucedió lo mismo tras la guerra de 2020, cuando la UNESCO pidió evaluar los monasterios, iglesias y sitios armenios en Karabaj. Bakú no respondió.
La propia directora general de la UNESCO, Audrey Azoulay, reiteró que la organización ofreció misiones técnicas desde 2020, pero “Azerbaiyán nunca otorgó permiso”.

Dentro del país, el discurso oficial alimenta territorialismo. La iniciativa parlamentaria sobre el llamado “Occidente de Azerbaiyán” y la “Concepción de Retorno” coloca a Armenia como territorio reclamable. Presentarse como garante del patrimonio cultural permite a Aliyev avanzar con una narrativa de legitimación histórica. Pero esta visión choca con un hecho básico: la historia armenia en la región es milenaria, mientras que la estatalidad azerbaiyana nació en 1918.
Decir que Armenia destruye mezquitas mientras se impide cualquier evaluación internacional en Najicheván y Karabaj revela un doble juego. Aliyev no busca solo reconocimiento cultural. Busca construir una base jurídica y emocional para futuras reclamaciones, mientras desvía atención del continuo borrado de iglesias, monasterios y jachkares armenios en los territorios bajo control de Bakú.
Preservar el patrimonio importa para cualquier proceso de paz. Pero debe demostrarse con hechos. Hasta que Azerbaiyán no permita inspecciones independientes en Najicheván y Karabaj, su discurso seguirá siendo propaganda destinada a encubrir la destrucción sistemática del legado armenio y a sostener aspiraciones territoriales.






