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Quien entrega Artsaj, pierde todo el Cáucaso. Por Alexander Svarants

Alexander Svarants entiende que Rusia podría perder la propia Armenia, y junto con ella el Cáucaso y Asia Central, si continúa apoyando el proyecto panturquista de Erdogan y la entrega de Artsaj a Azerbaiyán.

El 2022 entrará en la historia del mundo como el año de agitados enfrentamientos geopolíticos que persiguen el objetivo de nuevas transformaciones del orden mundial. Algunos argumentan razonablemente que el mundo se está moviendo con confianza de una hegemonía de los Estados Unidos a un mundo multipolar sostenible con diferentes centros de poder. Otros que, con el liderazgo de los anglosajones, los recientes acontecimientos en Ucrania y Taiwán atestiguarán que hay una falta de igualdad frente a los Estados Unidos.

Mientras tanto, los procesos turbulentos en el espacio postsoviético (Kazajistán, Ucrania, Karabaj), el sudeste asiático (Taiwán), los Balcanes (Kosovo) y el medio Oriente (Siria, Palestina), indicarían que, sin embargo, hay una cierta sincronización de los conflictos lleva al mundo a una nueva confrontación y redistribución global.

Moscú inició por primera vez en enero de este año una operación de mantenimiento de la paz bajo los auspicios de la OTSC en Kazajistán para garantizar el orden constitucional en ese país clave de la región de Asia central, solo para mantener en el poder al legítimo presidente Kassym-Zhomart Tokayev.
Esta operación, tal vez entre todas las operaciones de mantenimiento de la paz conocidas, resultó ser la más corta en el tiempo y no trajo un fortalecimiento especial de la OTSC con Astana (o Nur-Sultan), ya que Tokayev, un par de meses más tarde en el XXV Foro Económico Internacional en San Petersburgo y en presencia del mismísimo presidente de la Federación rusa, expresó literalmente su desacuerdo con la política de Vladimir Putin, tanto en términos del reconocimiento del LDNR (Es como colectivamente se menciona a las dos regiones separatistas de Ucrania, como República Popular de Lugansk y República Popular de Donetsk) como de la propia campaña en Ucrania.

Tokayev resultó ser el único líder de los países postsoviéticos (incluidos los miembros de la OTSC y de la UEE) que no reconoció el LDNR. E incluso el presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, que insta a sus colegas de la OTSC a apoyar a Rusia en Ucrania, todavía tampoco lo reconoció. Sin embargo, Tokayev es el único líder de los países de la CEI que expresó públicamente su posición en este sentido.

Es cierto que en los últimos meses fue imposible no notar que en las relaciones ruso-kazajas se pusieron de relieve algunos de los problemas que anteriormente no se notaba. El teoría y en primer lugar, sería los problemas del tránsito del petróleo kazajo a través del territorio de Rusia (Novorossiysk y el mar Negro) a Europa. Oficialmente, estas fallas fueron motivadas por problemas técnicos. Sin embargo, Kazajsitán, sin una flota de petroleros, ahora está pensando en itinerarios alternativos a la ruta rusa (en particular, a través de Azerbaiyán, Georgia, Turquía o el mar Negro), que se confirmó con los resultados de la visita oficial de Tokayev a Bakú el 24 de agosto de este año.
Al mismo tiempo el líder de Kazajistán se inclina más a la Unión Europea con Turquía (en particular, en la esfera militar y de seguridad), y tiene la intención de impulsar la asociación con la UE.

Al comenzar su campaña en Ucrania, Rusia no pudo lograr el éxito operativo en el menor tiempo posible, lo que se explica por el apoyo activo militar-político, técnico-militar y financiero al régimen de Kiev por parte de la OTAN, liderada por los Estados Unidos y el Reino Unido. Los líderes anglosajones Washington y Londres literalmente obligaron a Europa continental a unirse a la guerra de sanciones contra Rusia en detrimento de sus propios intereses nacionales. Para debilitar el poder militar y limitar la maniobra operativa de Rusia, la OTAN está interesada en crear otros problemas alrededor de ese país con el Inicio de «ardientes» y nuevos conflictos. En este sentido, se destacan especialmente el Cáucaso y el problema no resuelto de Karabaj con la participación de Turquía, miembro de la OTAN.

Será justo señalar que la situación en una región particular del espacio postsoviético, independientemente de las características locales (geografía, economía, geopolítica, etc.), hoy está estrechamente relacionada con el estado de las relaciones ruso-ucranianas. Más precisamente, cuándo y cómo terminará esta crisis político-militar. Y Karabaj no es una excepción aquí.

Moscú no pudo (o consideró inapropiado) contener en el Cáucaso la segunda guerra de Karabaj y mantener el status quo en Artsaj, que se desarrolló con la participación de la Federación rusa en 1994. Con la llegada al poder en 2000, el presidente Putin comenzó a cambiar gradualmente, pero constantemente, la estrategia Transcaucásica: pasó de apostar a una alianza con Armenia a otra que favoreciera el equilibrio de relaciones con Azerbaiyán.
Estos cambios se produjeron en condiciones en las que Bakú venía, desde 1999, implementando una estrategia Pro-occidental y Pro-turca para exportar los recursos energéticos de la parte Azerbaiyana del mar Caspio (petróleo y gas) sin pasar por Rusia a través de Georgia a Turquía y luego a Europa.

Rusia comenzó a armar a Azerbaiyán y brindó armamento por US$5.000 millones contra un miembro de la OTSC de Armenia. Amplió lazos comerciales, económicos y humanitarios con Bakú, y los medios de comunicación rusos y una parte considerable del establecimiento político comenzaron a apoyar abiertamente al régimen de Aliyev.

En el marco de dicha política, se construyó una nueva alianza (asociación) con Turquía, que tuvo un efecto positivo en las relaciones comerciales, económicas y militares entre Moscú y Ankara.
Las afirmaciones de que el comercio de armas con Azerbaiyán era un negocio y nada más, difícilmente podrían corresponder a la realidad, ya que, en primer lugar, las armas no son tomates, sino que siempre persiguen objetivos e intereses políticos (Turquía no vendió sus bayraktars a Rusia en su guerra con Ucrania); en segundo lugar, se utilizaron plenamente durante la misma guerra de Karabaj 2020 contra Armenia, su aliado en la OTSC.

Como resultado de la derrota militar del lado armenio en otoño de 2020, con Armenia coaccionada a una rendición real (aunque formalmente Armenia no entró en la guerra por Karabaj, y la Federación de Rusia y la OTSC se negaron a ayudar militarmente a Ereván), Rusia introdujo un pequeño contingente de personal de mantenimiento de la paz en la parte Armenia restante de Artsaj y permitió a Turquía regresar al Cáucaso después de dos siglos.

En Agdam, se estableció un centro conjunto de monitoreo ruso-turco para mantener el alto el fuego y controlar la zona de exclusión aérea sobre Karabaj. Sin embargo, el 3 de agosto de 2022 Azerbaiyán violó este régimen y utilizó los UAV Bayraktar-TV2 turcos contra los armenios de Karabaj en el distrito de Mardakert, lo que causó pérdidas humanas y sin consecuencias para Azerbaiyán.
Obviamente, las fuerzas de paz rusas (RMK) no interfirieron argumentando la falta de un diseño jurídico claro de sus poderes y funciones, ya que Azerbaiyán no firmó el documento que legitimara la presencia del personal de mantenimiento de la paz ruso en Karabaj.

No describiré las hechos reiteradas violaciones al alto el fuego en Karabaj por parte de Azerbaiyán desde diciembre 2020, porque todos los interesados (incluida la RMK) los conocen. Stanislav Tarasov cree que esta posición de dura presión por parte del presidente Aliyev es bastante comprensible, porque Bakú está tratando de exprimir al máximo a corto plazo su victoria militar para forzar a Armenia a la rendición final y abandonar Karabaj, firmando un tratado de paz y abriendo el «corredor Zangezur» para ingresar a Najichevan y Turquía.
Lo que Bakú quiere obtener, con o sin Tarasov, está claro, pero lo que Moscú recibirá de esto, no se entiende.

En este sentido, Tarasov señala que «no hay ninguna posibilidad de resolver el estatuto de Karabaj». Tarasov no ve ahora, aunque no descarta la posibilidad de nuevas transformaciones geopolíticas en el futuro, teniendo en cuenta la turbulencia de los procesos en la región. Al mismo tiempo, el analista político ruso confirma las negociaciones directas ruso-turcas sobre el destino del corredor Zangezur en una entrevista reciente con Rusarminfo.

Si crees en Tarasov, resulta que Armenia no decide el destino del «corredor Zangezur», porque Ankara y Bakú están discutiendo todo con Moscú.

Armenia después del 9 en noviembre 2020, de hecho, perdió su carácter de garante de la seguridad de Karabaj, cediendo esta función a Rusia. Debido a las contradicciones existentes entre Rusia y el Occidente colectivo sobre la situación en Ucrania, el Grupo Minsk de la OSCE que debía resolver la cuestión de Karabaj también dejó de existir de facto, aunque nadie abolió esta Institución de jure. En consecuencia, Rusia tiene la intención de retrasar el tema de Karabaj tanto como sea posible, discutiendo Moscú y no la OTSC los problemas que surgen en la reconciliación de relaciones entre Armenia y Azerbaiyán, pero sin resolver en esta etapa el problema del estatus de Karabaj. Aunque Rusia, por boca de su presidente Putin, ya reconoció a Karabaj como parte de Azerbaiyán.

Resulta que si Moscú considera que Karabaj ahora es azerbaiyano, entonces la cuestión del estatus de una forma u otra (ya sea cultural o política) se considerará dentro de las fronteras de Azerbaiyán. Es cierto que Rusia ahora, según Tarasov, está interesada en abrir el «corredor Zangezur» bajo el control de sus guardias fronterizos, lo que está motivado por la supuesta idea del «panturquismo ruso».

Tarasov es uno de los pocos (si no el único ruso y no ruso) expertos que, refiriéndose a los materiales de archivo de la inteligencia zarista en los albores de los siglos XIX–XX, afirma la participación líder de Rusia en la formación de la ideología y la estrategia del panturquismo, supuestamente para llevar al colapso al Imperio otomano. En este sentido, incluso reveló el nombre de supuestamente uno de los agentes más influyentes de la inteligencia rusa de la época, el notorio Ministro de Guerra Enver Pasha (uno de los principales organizadores del genocidio armenio durante la Primera Guerra Mundial).

Si fuera cierto, ¿Cuál es el interés del Imperio ruso en la implementación de las disposiciones del panturquismo (es decir, el nuevo imperio turco basado en la integración de todos los pueblos turcos bajo el dominio de Estambul, incluidos los turcos rusos)? Tarasov no dio razonables argumentos, a excepción de la tesis antioccidental (dicen que los turcos de Anatolia se alejarían de Occidente). Tal declaración de Tarasov, sin evidencia documental y en ausencia de referencias a los materiales de archivo publicados de la inteligencia militar zarista, puede desencadenar en controversias y causar críticas considerables.

Por desgracia, los turcos no se unieron en el pasado y no se consideraron un pueblo y un estado subordinado a Rusia. El conocido «renacimiento» de las relaciones ruso-turcas en el período inicial del poder soviético en 1918-1923 no justificó las esperanzas de los bolcheviques, porque Ataturk ( Mustafa Kemal Pasha), habiendo recibido de Lenin la asistencia político-militar y financiera necesaria para preservar los territorios estratégicos de Turquía en la lucha contra Occidente (incluso en cuestiones armenias, griegas y kurdas), durante la Conferencia de Lausana dio la espalda a Moscú y se dirigió a una alianza con Inglaterra. Turquía siguió una política antirrusa similar durante la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, y las apuestas occidentales se trasladaron de Inglaterra a Alemania y viceversa. Y en todas estas etapas, el panturquismo se utilizó activamente como herramienta ideológica y política para las actividades subversivas de los servicios secretos de Turquía y los países occidentales contra la URSS.

En la dinámica moderna, tras el colapso de la Unión Soviética, Turquía sigue siendo un miembro incómodo pero importante de la OTAN. El debilitamiento de Rusia a finales de los siglos XX-XXI fue percibido por Turquía como una oportunidad histórica para revivir sus propias ambiciones imperiales bajo la fórmula de «superpotencia regional» y «líder del mundo túrquico» en el marco de los proyectos neo-otomanismo y neo-pan-turquismo. Naturalmente, la entrada de Turquía en el histórico Turan (Asia Central) está determinada no sólo, o mejor dicho, no tanto por las raíces lingüísticas y étnicas, sino por un pragmatismo prudente en el ámbito de la economía, el transporte, la seguridad, la defensa y la política.

El éxito de Azerbaiyán con la directa complicidad de Turquía en Karabaj, abrió nuevas oportunidades para que Ankara implemente gradualmente la estrategia centenaria del pan-turanismo en el Cáucaso y en el mundo. Al mismo tiempo, la política preliminar de Ankara en esta dirección convirtió a Turquía en el centro más importante en la ruta de tránsito de los recursos energéticos del hermano Azerbaiyán hacia Europa. En el contexto de la crisis de las relaciones ruso-europeas, Turquía no excluye un avance hacia Asia para exportar recursos estratégicos de Turkmenistán, Kazajstán y Uzbekistán a través de Azerbaiyán y su territorio a Europa, sin pasar por Rusia. Al mismo tiempo, el experimentado y pragmático Erdogan no niega la asociación con Rusia, no se une a las sanciones occidentales, tiene la intención de convertir a Turquía en una ventana clave para el acceso de Rusia al mundo exterior y aumentar la facturación comercial anual turco-rusa a US$100.000 millones

Pero hay un precio para todo, y en este caso, Erdogan le pide a Rusia la rendición de Armenia, el camino a través del Zangezur armenio y el acceso al mundo túrquico.

Rusia, aunque está ocupada en Ucrania, no puede estar satisfecha con la activación de la diplomacia transcaucásica de la UE en la plataforma de Bruselas. ¿Debería culparse a Nikol Pashinyan por esto? El hecho es que si el presidente Aliyev firma oficialmente un acuerdo con la misma UE sobre el aumento de los suministros de gas y la búsqueda de nuevas oportunidades de tránsito, que en las condiciones actuales, es poco probable corresponda a los intereses rusos, ¿Cómo podría negarse Aliyev a las iniciativas diplomáticas de Occidente sobre las relaciones con Armenia?

Si Pashinyan se ve obligado a hacer las paces con Aliyev y Erdogan (incluso por Rusia), ¿adónde irá el Primer Ministro de Armenia? ¿Cómo podría rechazar las reuniones en Bruselas? Quizás el líder de Armenia podría rechazar negociaciones tan inútiles con Aliyev (tanto en Bruselas como en otras capitales), si no fuera Nikol Pashinyan.

De esto se deduce que uno de los centros del mundo multipolar representado por Rusia no puede limitarse a un solo teatro de geopolítica activa. Una potencia fuerte se diferencia de las débiles en que está obligada a participar paralelamente en todos los ámbitos en los que están representados sus intereses.

Sin embargo, Tarasov seduce a los lectores armenios de RusArmInfo con la idea prometedora de supuestamente devolver Kars a los armenios y abrir un «corredor cristiano» hacia el Mar Negro (debe entenderse en la región de Trabzon). ¿Cómo podrá Rusia devolver la ciudad armenia perdida de Kars desde Turquía, abriendo el «corredor Zangezur» para los turcos? Tarasov no respondió a esta pregunta, o aún no la respondió a pesar de la premura del factor tiempo.

Es evidente que la apertura del “corredor de Zangezur” supondrá un aumento del tráfico internacional de mercancías en diferentes direcciones, lo que con el tiempo hará que los países asociados a él sean muy dependientes de esta ruta (incluidos Turquía, Armenia, Azerbaiyán, Israel, China, los países de la UE y Asia Central). En consecuencia, quien controle este corredor (y en este caso se asume que será Rusia con sus tropas fronterizas), eventualmente podrá dictar sus términos al resto de los participantes.

¿Es posible en algún momento, especialmente después de la finalización exitosa del ataque ruso en Ucrania, que Moscú presente condiciones previamente inaceptables para Ankara con respecto a los acuerdos de Kars? Teóricamente, nadie puede excluir esto (incluido el propio Tarasov). Sin embargo, en la práctica es difícil de creer, porque Turquía se fortalecerá de todos modos, es poco probable que abandone la OTAN y extenderá su influencia activa en los mismos países turcos del espacio postsoviético. Y no importa cómo Ankara presente nuevas condiciones inaceptables a Moscú (por ejemplo, con respecto a la independencia de las formaciones turcas y montañosas en la propia Federación Rusa).

Además, si Karabaj se reconoce como parte de Azerbaiyán, lo que más bien conduciría al éxodo de los armenios de su patria histórica, entonces, ¿Dónde está la garantía de la preservación de las fuerzas de paz rusas en Karabaj? Es poco probable que Bakú quiera tener tropas rusas en su territorio, de lo contrario, en las décadas de 1990 y 2000, los líderes de Azerbaiyán (desde Abulfaz Elchibey hasta Heydar e Ilham Aliyev ) no habrían retirado el ejército ruso de la república. Si no quedan armenios ni fuerzas de paz rusas en Karabaj, y la propia Rusia está obligando a Armenia a rendirse a Azerbaiyán y Turquía, entonces, ¿Dónde está la garantía de que Ankara y sus aliados de la OTAN no plantearán la cuestión de retirar las bases rusas y los guardias fronterizos del territorio de la propia Armenia?

Como puede ver, hay muchos escenarios desfavorables para el desarrollo de la situación, y difícilmente se justifica confiar en la intuición de un experto o incluso en un político de alto rango sin un estudio profundo de la historia del tema y su dinámica. Los turcos pueden responder con una frase corta: “Quien entrega Karabaj no puede reclamar Kars”. Por cierto, la amarga ironía histórica con la pérdida de la fortaleza armenia de Kars en 1920 se repitió milagrosamente un siglo después en ese mismo Karabaj en la situación con la fortaleza armenia de Shushi en 2020. Finalmente, Rusia no puede reclamar Kars sin una denuncia de Moscú de los tratados de Kars de 1921.

Quien entrega Artsaj, pierde todo el Cáucaso. Por Alexander Svarants
Alexander Svarants cree que Rusia perdería Artsaj, Armenia, y el Cáucaso si continúa apoyando el proyecto panturquista de Erdogan

Mientras tanto, escuchamos el tema de la devolución de los territorios armenios de Kars y Ararat más de una vez de varias fuentes. Lo más sorprendente fue escuchar esto en diciembre de 2020 no de expertos armenios o del ejército, sino de colegas rusos. Decían que en mayo de 2021 comenzaría una nueva operación. Como puede ver, diciembre de 2020 dio paso a mayo de 2021 y mayo de 2022 sin operaciones en las tierras altas de Armenia. Y el ejército de Rusia se desplegó en un teatro de operaciones completamente diferente. Es cierto que en mayo de 2021, en lugar de la operación militar rusa, el mundo fue testigo de otra pequeña agresión de Azerbaiyán contra Armenia con la anexión de parte del territorio cerca del lago Sevlich en la región de Gegharkunik.

¿Cuánto durará la alianza ruso-turca? Hoy nadie puede decirlo con certeza. ¿Sobrevivirá este tándem después de Erdogan? Más bien sí, porque a Ankara le viene bien una asociación real hasta ahora para neutralizar a Rusia en el camino de Turquía (y la OTAN sobre sus hombros) a Turan (Asia Central postsoviética con los recursos más ricos). ¿Sobrevivirá esta alianza después de Putin? Más bien no, porque Rusia enfrentará las consecuencias negativas de una estrategia fallida. Sin embargo, cómo se desarrollarán las relaciones ruso-turcas a mediano plazo puede no ser de ningún interés para Armenia, porque hoy (aunque ayer estaba claro) este tándem ya ha causado daños importantes (principalmente en Karabaj).

Dado que el Zangezur armenio se está convirtiendo en un lugar tan sensible de intersección de diferentes intereses, Armenia todavía tiene alternativas para elegir socios. Sin embargo, si Rusia perdiera la propia Armenia, y junto con ella el Cáucaso y Asia Central, dependerá de la propia decisión de Rusia.

Alexander Svarants – Doctor en Ciencias Políticas, Profesor, especialmente para IA Realist. Traducido al español por SoyArmenio

Written by SoyArmenio

Mesa de noticias en español de la redacción de SoyArmenio.

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